Historias sin punto final
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#21 · Guardián de aguas turbias

Por Nicolás Garibaldi
Ph. Alhena Bello

“Loca, ponele liquido de frenos, te vas a matar”,

le gritó el loco Rolo Mata a mamá cuando pasaba,

con la renoleta roja a toda velocidad por la puerta de la escuela,

mamá miró por el espejo retrovisor y dijo,

“es el loco Rolo Mata, mi novio de la adolescencia”,

mamá siempre hablaba de él,

lo había amado, él no tanto,

ella le había regalado un vinilo de Queen,

y el loco Rolo Mata lo había destrozado con un martillo,

desde el encuentro mamá y el loco Rolo Mata se volvieron inseparables,

compraron líquido de freno juntos,

mamá lo llevó al río,

no se lo dijo,

pero el loco quería pegar merca,

lo hizo en una parrilla donde lo esperaba su amigo el Topo,

¡qué lindo eras Topo, con tus borcegos rojos, engamados con la renoleta!,

y tu olor a colonia juvenil que usabas aunque eras un veterano,

vos Rolo Mata, te comiste un chori y lo subiste con una rayita,

nadie te podía detener,

tenías rulos como un pariente de Bob Patiño, como el primo Cecilio,

con la renoleta casi atropellan la caja de cartón,

que adentro escondía una cachorra,

vos Rolo Mata la sacaste de la caja y la abrazaste y le diste un nombre,

“la fafa”, y ahí se te ocurrió “la fafa es para el fefe”,

qué creativo eras loco, doblegabas el lenguaje como un judoca,

te trajiste la cachorra, llena de heridas profundas y gusanos,

para guarecerla abajo de nuestra parrilla,

pero como te gustaba chupar loco,

y que ricos que eran los vinos que papá había dejado cuando se separó de mamá,

regalos de los clientes del banco,

había mucho rincón famoso y navarros correas,

en unas horas eras uno más de la casa,

me querías enseñar a boxear, me pusiste en guardia,

te señalaste el mentón como diciendo, “pegame acá y haceme sangrar”,

y te pegué duro, con todo lo que tenía,

no te la esperabas tan fuerte, entonces te enojaste y gritabas como un mandril,

te golpeabas el pecho con los puños y gritabas “la fafa es para el fefe”

esa noche me enseñaste un truco de magia con los naipes,

hasta que te aburriste,

y te fuiste con un tramontina, a buscar más merca al monte,

 

por un par de días no volviste a casa,

mamá estaba preocupada,

temía que nos dañaras,

¿pero cómo resistir al llamado?, ese grito,

“ponele líquido de frenos”,

no podía ser casual,

¿y si podías cambiarlo mamá?,

me pasaste a buscar por la escuela,

y te tentaste cuando viste las enredaderas de la casa del loco Rolo Mata,

que casa más hermosa,

al hermano lo chuparon los mílicos me dijiste,

en esa misma casa,

saltando por esas mismas paredes,

parecía la casa de un científico,

el loco era bañero de ríos contaminados,

cuidaba a los que tenían más calor que hipocondría,

que no se murieran ahogados,

en tu casa coleccionabas cosas que el río traía hasta la orilla,

me contaste que una vez llegó un delfín,

y le arrancaste la mandibula para llevartela de souvenir,

me gustó tanto la historia que me la regalaste,

tenía un olor a podrido bárbaro,

yo la llevaba a la escuela cubierta en un repasador,

las maestras me pedían que la tirara,

tenía derecho a tener mi propio museo de ciencias naturales en la mochila,

 

esa noche volviste loco Rolo Mata, mi tío el loco Henry Bado,

decía “que loco que está el loco Rolo Mata”,

tío Henry Bado, loco de locos,

me gustaba como imitabas la forma de fumar del loco que decía

que había que asaltar un banco en Texas,

me daba miedo cuando sacabas la lengua como un perro cansado de correr en la plaza,

hace dos días fue tu cumpleaños y no te saludé,

el día de los muertos naciste,

decía,

esa noche volviste loco Rolo Mata,

pero ya no parecías un científico,

los vinos de papá se estaban acabando,

todos estaban durmiendo en la casa,

hasta mamá,

nosotros dos no,

tomabas mate y hacías trucos de magia,

estabas nervioso,

te rascabas los rulos y transpirabas,

en un momento hiciste un mal movimiento con las cartas,

te atrapé, te dije,

te dio tanta rabia que

agarraste el termo del mate, le sacaste el tapón

y me tiraste el agua caliente en la cara,

no hervía loco, quiero creer que lo sabías y que por eso la hiciste,

igual lloré,

agarré una frazada y le avisé a mamá que me iba a dormir a lo del abuelo,

“la fafa,

es,

fue,

y será,

del fefe,

y volverá,

en forma de Laika”,

adiós loco Rolo Mata,

oráculo de la futilidad,

guardián de aguas turbias,

científico de las afecciones,

supiste que la brisa era lo más extremo,

que un hombre podía experimentar,

y que los limpios,

están manchados,

con lamparones

de normalidad,

tu cuerpo flota,

levita,

dos centimetros por encima del río de la plata,

a tu lado,

los delfines nadan en pandilla,

y el bañero de los locos,

te cuida desde un faro que cada doce segundos,

escupe luces de neón.

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