Historias sin punto final
redaccion@revista27.com.ar
 

#14 · Descarga en “V”

Por Lucrecia Carril
Ilustración Ja Ant

 

No quiero ser la única
yo quiero ser la preferida,
no quiero ser la que haiga
yo quiero ser la elegida.
Bolero “La Preferida” de Las Taradas

 

                                                                                                                              

Desde el sofá, con mis piernas abiertas, le ofrecí con calentura que descargara en mi concha su ansiedad de tantos días. Me excitaba la idea de disipar la frustración de mi amorcita, mi osa calentona, mi preciosa compañera. No estar pudiendo saciar su deseo con la chica que le gustaba y con la que se venía viendo hacía ya un tiempo, la tenía de mal humor, impaciente.

 

Sin dudarlo se bajó los pantalones, corrió su bombacha con una mano y con la otra recorrió lentamente su vulva acariciándose, mostrándome su flujo, espeso y blanquecino, hasta llegar a su clítoris donde se detuvo a presionar y observar. Babeando, acaricié mis labios que ya empezaban a engordarse de saber que iba a tener su concha pegada a la mía.

 

Se acercó, se bajó la bombacha y me dijo “chupamela un poco primero”. Qué ganas tenía de sentir su clítoris cargado, besarlo y lamerlo. Ella sabía que era una de las cosas que más me gustaba. Llevé mi cuerpo hacia la punta del sofá, me dio un beso esponjoso en la boca y acarició mi cara, preparando el terreno antes de dármela. Puso su pie en el apoyabrazos, abrió su vulva con los dedos en “V” estirando su capuchón hacia atrás y la llevó hacia mi boca conteniendo mi cabeza con agradecimiento. “Toma mi amor, chupá”.

 

Comencé a darle suaves y cortos chupones. Contestó con un rugido con la boca apenas abierta haciendo alarde de su calentura. Puse mis manos en sus piernas-caderas-triángulo para hacer tope y separar mi boca de ella y así observarla. “Más”, me exigió con chispas en los ojos. Arqueó su pelvis hacia adelante, agarró suave mi cara y rozó mis labios con la yema de su dedo pulgar.

 

Me sumergí otra vez y recorrí con mi lengua toda su concha, levantando en el camino todo lo generado por su cuerpo sobrecargado, hasta toparme con la parte de abajo de su clítoris hinchado. Sin despegar mi lengua, hacía presión empujándolo hacia arriba.  Era como si toda ella hubiera quedado colgando de la punta de mi saliva. Lanzó un gruñido-gemido con la boca abierta, llevando su cabeza hacia atrás. Hice el mismo recorrido pero más corto y esta vez llevándome por delante su protuberancia, sobrepasándola con mi lengua.

 

Mientras lamía en éxtasis, acariciaba mis pechos, apretándolos como si fuera a ordeñarme, exaltando mis pezones sin tocarlos. Se apartó de mi boca, subió al sofá y apoyándose sobre una rodilla, agarró mi teta y empezó a sacudirla en su concha. Estuve a punto de acabar por las tetas. Un sonido intermitente, grave, de pecho, en forma de o, le hacía vibrar la tráquea.

 

Cuando parecía que iba a liberar toda su excitación frotándose contra mi pezón erecto, retornó a mi boca. Comencé a mover mi cabeza de un lado a otro besándola con fruición, dándole lengüeteadas a su clítoris ya pleno. “Así… así…”, murmuró con la garganta apretada y todo su cuerpo tenso. En puntitas de pie, con una mano apoyándose en mi hombro y con la otra apretándose el glúteo, liberó toda su excitación con descargas temblorosas.

 

Con las piernas agitadas, se tiró en el sofá boca arriba con una sonrisa relajada y ojos embriagados. Me acerqué a ella, la miré, le di un beso cortito, la miré de vuelta, le di otro y otro más, buscándola, reavivando su excitación. “Ahora dejame que la moje un poquito en vos”, le susurré al oído, mientras ponía mis piernas entre las de ella.

Share Post
No comments

LEAVE A COMMENT

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.