Historias sin punto final
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#13 · Mi monstruo

Por Laura Avelluto
Ph. Turka

 

El monstruo golpea nuevamente. ¿Le abro o no? Lo espío silenciosa por la mirilla y lo veo ahí. Sus ojos cansados y su piel rugosa anuncian lo que ya sabemos.

Le abro. No hay a dónde escapar. Está ahí. Estará ahí por siempre. Lo miro, me mira. Lo saludo con los parpados. Nos vimos. Lo dejo pasar. Se sienta. Hay un sillón rosa. No está brutal, está dulce. Me mira. Le ofrezco un té. Dice que no quiere, que ya tomó. Nos buscamos con los ojos, ambos sabemos lo que va a suceder. Me siento con él. Pongo mis manos sobre sus rodillas. Me abraza. Mis manos lo acarician suave. Mis brazos hacen un círculo. Él adentro. Yo me pego a él. Su piel peluche me da calor. Sus manos se mueven. Me mete una mano. Mi concha se moja. Su mano gira adentro mío. Me gusta. Me salen lágrimas de los ojos. Todo mi cuerpo se moja. Lloro tanto que mi concha se moja también. Lagrimas que bañan mis piernas. Él me agarra fuerte. Su furia me contiene y me abriga. Tiene dos lenguas. Las sabe usar. Una camina por mis tetas. La otra me abarca desde los pies. Fuerza centrífuga. Todo se resbala sobre mí misma. Disfruto, lloro y me excito. Un punto infinito se abre ante mí. ¿Quiero que me coja? Sí, quiero. Suave y fugaz. Sus dos lenguas me siguen derritiendo toda. Mi monstruo me ama.

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