Historias sin punto final
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#27 · Sagrada Inquisición del género

Por Nicole Martin,
Ph. Alana Rodríguez
Collage: Julián Spandrio

 

“Existen siete métodos por medios de los cuales (las brujas) infectan de brujería el acto venéreo y la concepción del útero. Primero, llevando las mentes de los hombres a una pasión desenfrenada; segundo, obstruyendo su fuerza de gestión; tercero, eliminando los miembros destinados a ese acto; cuarto, convirtiendo a los hombres en animales por medio de sus artes mágicas; quinto, destruyendo la fuerza de gestión de las mujeres; sexto, provocando el aborto; séptimo, ofreciendo a los niños al diablo”.

Malleus Maleficarum, Sobre la caza de brujas (1486)

 

Ustedes son las verdaderas hienas, que nos encantan con la blancura de sus pieles y cuando la locura nos ha puesto a su alcance, se abalanzan sobre nosotros. Ustedes son las traidoras a la Sabiduría, el impedimento de la Industria […] los impedimentos de la Virtud y los acosos que nos conducen hacia todos los vicios, la impiedad y la ruina. Ustedes son el Paraíso de los Necios, la Plaga del Sabio y el Gran Error de la Naturaleza

Walter Charleton, La matrona de Efeso (1659)

 

 

Demonios y poderes malditos recorren las montañas y los ríos de América Latina. Las voces hablan a través del agua y del viento y convencen a mujeres de cuestionarse su lugar en el mundo, repensar e incluso rechazar la maternidad, construir otros vínculos y desoír los mandatos tradicionales que le dicen a una mujer lo-que-debe-que-ser. El espectro infernal lee a Butler, Federici, Foucalt, Wittig y a otres cuestionadores del bien. Las que son fugitivas de la opresión, las que abortan cadenas, las que han tenido la irreverencia de ser trasgresoras, todes, todas ellas, están poseídas por la “ideología de género”.

 

Como en una precuela de The Handmale’s Tale, el conservadurismo y la religión se organizan para reprimir y obstaculizar el avance legal y social que el feminismo logró llevar a las instituciones. Encarnan la defensa de lo “natural”, la “vida” y aquella noción de la que se ríe Foucalt, la “verdad del sexo”. Con los colores del binarismo sexual, símbolos religiosos y consignas contra el aborto y el libertinaje, se manifiestan en toda América Latina. Aunque en algunos países, como Nicaragua, Uruguay y Cuba, los Estados no responden a las provocaciones de la iglesia, en toda la región hay grupos que expresan su odio a la agenda feminista y LGTBIQ+. El “shock religioso”, como lo llaman universitarios de Costa Rica, desvía la mirada de la crisis económica y el desempleo y la lleva a un enemigo público que, como en la ejecución de la Santa Inquisición, tiene sexo de mujer, está feminizado o es aliado.

Los objetivos de este y demás grupos contra el feminismo son concretos: rechazan el matrimonio igualitario y la propaganda homosexual, la educación sexual con perspectiva de género en las escuelas y el aborto, bajo la sacratísima misión de preservar la familia y el orden natural que diferencia a hombres de mujeres y excluye cualquier otra identidad. Con un tono apocalíptico, acusan a los Estados que aprueban la perspectiva de género de conspirar con Estados Unidos, la ONU y otras organizaciones extranjeras para colonizar y destruir todo orden de familia tradicional.

 

Como en las diversas formas que adoptó la persecución de las brujas –y, en número menor, a herejes hombres– por la Iglesia católica y protestante en tiempos del feudalismo, la característica fundamental fue la de campaña del terror. Federici estudia cómo se esgrimieron teorías de tortura y genocidio, adoctrinadas en el libro “Malleus Malleficarum” (Martillo de brujas), contra las mujeres que poseían un conocimiento prohibido, es decir, autónomo. Ellas representaban una amenaza política, religiosa y sexual para la religión y el orden establecido y estaban poseídas por demonios que, tras robarse su virginidad, les enseñaban el mal. “Cuando la mujer piensa sola, tendrá maléficos pensamientos”, dice el Malleus.

El demonio en el siglo XXI tiene nombre y apellido, le han puesto “ideología de género” y sangra miedo. Los grupos denuncian que el feminismo impone la idea malévola de que el género es cultural y se propone destruir la familia tradicional. En las manifestaciones, que aumentan su convocatoria de la mano de campañas de difusión financiadas por la iglesia católica y evangélica, junto a partidos de ultraderecha, se repudia la propaganda de cualquier otra forma de vínculo que no entre en el heteropatriarcado normativo. Un régimen político que, escribe Wittig en los años 70, contiene conceptos estratégicos para la sumisión y la apropiación de las mujeres en base a, primero, la categorización por sexos.

 

La Ley del Matrimonio Civil de 1859 diferenciaba los dotes del sexo entre el valor y la fuerza para los hombres y la belleza y la compasión para las mujeres. Por eso, los hombres tenían que “cuidar y alimentar” a las mujeres, mientras que a ellas les tocaba la “obediencia y la asistencia”. Bajo este argumento y hasta 1947 en Argentina, sólo a ellos les correspondía votar. Esta diferenciación no era considerada discriminatoria, porque era “biológica”: “desiguales pero complementarios”.

 

Wittig escribe en “La marca del género” (1985) que el lenguaje proyecta caras de la realidad sobre el cuerpo social, lo marca y lo moldea violentamente. La lucha feminista ha intentado erradicar las configuraciones de la desigualdad entre varones heterocis y mujeres y personas LGTBIQ+ en el orden jurídico, y en muchas legislaciones lo ha logrado. Pero el conservadurismo trata de reinstaurar la idea de la diferencia biológica, psicológica y de capacidad y así lo demostró el Consejo Mexicano de la Familia que buscó incorporar al artículo 4 de la Constitución Federal la antigua idea de que “el varón y la mujer, siendo diferentes y complementarios entre sí, son iguales ante la ley”. La abogada mexicana Estefanía Vela Barba escribió en opinión de The New York Times que esta doctrina es la “verdadera ideología de género”, que demonizan grupos celestes y rosas.

 

En guerra por los hijos

 

“Con mis hijos no te metas” (CMHNTM) inició en Perú y tiene denuncias por falsificación y manipulación de la información. En su canal de televisión, se preguntaron frente a la reforma con perspectiva de género en educación: “El Ministerio de Educación, ¿tiene derecho a corromper y distorsionar la identidad sexual con la que nacieron los hijos?”. Irónicamente, y a favor de Estefanía Vela Barba, especializada en relaciones entre derecho y sexualidad, el doctor peruano Renzo Paccini propuso, con el aval del Centro de Pensamiento Social Católico en Perú, acciones concretas para “enfrentar la ideología de género”, como “revitalizar las raíces católicas de la cultura latinoamericana”, con énfasis en la formación de la fe “desde las edades más tempranas”.

 

En Argentina, grupos de la marcha celeste y rosa están siendo investigados por la Fiscalía de la Ciudad por posibles carteles antisemitas en la marcha en contra de la reforma de la Ley Educación Sexual Integral (ESI), para promoverla obligatoria y con perspectiva de género. Carlos Belart, fundador del Ministerio Cristiano Evangélico Cita con la Vida, definió a la ESI como una “perversión”, mientras que las campañas CMHNTM le señalan apologías a la pornografía y a la masturbación. La corriente religiosa afirma que “la educación sexual se hace en casa”, obviando o reafirmando que el 70% de los abusos infantiles son intrafamiliares y los escándalos de pedofilia en la Iglesia que han estado saliendo a la luz. Gracias a la ESI, hay cada vez más casos de niñes que reconocen abusos.

 

“La ESI lleva a la reflexión los mandatos culturales impuestos y los vínculos saludables, para desenmarañar las relaciones tóxicas y nutrir la autonomía”, afirmó a Revista 27 la docente Guadalupe Ruiz. Y argumentó en contra de la idea de “ideología de género” que la conciencia de género es hablar de consentimiento y de cuidados y que, por eso y porque combate desigualdades, es importante para todas las personas.

En la misma línea, Sandra Aguilar es docente formada en perspectiva de género y afirmó que no se puede hablar de adoctrinamiento en materia de ESI, porque son contenidos transversales que no se pueden postular como correctos o no. “No tiene sentido repetir una respuesta memorizada, porque la idea de ESI es que se trabaje con una pedagogía de reflexión”, dijo a Revista 27. Reivindica entonces una propuesta de taller, con interrogantes y la recuperación de la experiencia personal de les estudiantes. El estudiantado exige los contenidos sobre identidad de género, así lo confirmaron las pruebas Aprender 2016, donde más del 75% requirió la enseñanza de educación sexual y de derechos de género.

 

“Defender la ESI se trata de preguntarnos qué tipo de sociedad queremos”, asiente Aguilar, quien escribió un artículo en Página|12 sobre lenguaje inclusivo, y agrega: “Partimos desde la perspectiva de género y pensamos en las tramas que se arman en las desiguales de poder entre varones y mujeres. Defender la ESI es fundamental porque implica transformar la forma en la que nos vinculamos socialmente”.

 

Así lo hizo la Comisión de Géneros del Colegio de Psicólogos de Córdoba cuando alertó sobre la información falsa de la campaña CMHNTM contra la ESI y la reivindicó como un derecho humano adquirido y fundamental para el abordaje de la sexualidad. Además, tuvo que aclarar que la ESI no va en contra de la familia, sino que “visibiliza y legitima las diversas configuraciones familiares ya existentes en nuestra sociedad”, y que promueve el respeto a las diversidades. Por último, afirmó que la perspectiva de género no puede considerarse ideología por pretender desnaturalizar la histórica desigualdad de roles y distribución del poder.

Los reclamos de los “provida” se proponen antagonistas de los grupos LGTBIQ+, y si bien son cuidadosos –casi siempre– en su forma de expresarse públicamente, buscan restablecer en la educación el orden ya debilitado que reproduce la dialéctica del amo y el esclavo, replanteada en la asimetría entre los géneros. Su límite de la tolerancia, de la diversidad aceptable, se establece dentro de los términos del discurso hegemónico, incuestionable, binario, heteropatriarcal, que se manifiesta como la racionalidad universal. Y lo que se dice universal, dicen las lenguas del mal, siempre es excluyente y represor.

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