Historias sin punto final
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#22 · Suspendido por obras de electrificación

Por Julián Marini
Ilustración Rodrigo Cardama

Sábado a la mañana, suenan bordeadoras
Cualquier día de verano, suenan chicharras.
bichos, como la cigarra. Pero bien de acá
Los besos son más largos, porque tarda más el bondi.
O por lo menos hay una sola línea, que te deja, a no menos de 15 cuadras.
Las veredas son más amplias,
los arboles más frondosos.
Hay casas con fondos con parrilla y con pileta.
Eso no significa que seas el millonario del barrio.
Casas de tipos que laburaban se casaban y tenían
4 pibes. No soñaban con viajar a Asia escapar a Oceanía.
Se ahorraba para la vacación en la costa o para la
pileta propia. Para dejar de ir de los primos altos ratas.
Te estiraban el jugo se comían las de chocolates. Te dejaban
anillitos color caca. Se lava el coche en la vereda se pone
al taco el estéreo. Se escucha cumbia bien piola rock and roll cuatro por cuatro.
O los goles a los gritos de tu equipo de acá.
No está bien visto, para nada, la doble camiseta. Es deshonra, se paga cara.
Acá vivimos el ascenso orgullosos.

Alguno tiene marcas en el cuerpo por hazañas
de piedras de gases de correr en la estación de copar
el tren de robar banderas de puesto de choripán
vino tinto y salsa criolla. Las despedidas son más entrañables.
A la escuela caminando o te pasa a buscar el micro.
En bici durás poco, te la afanan en unos días.
Las avenidas son más riesgosas
y los pozos más profundos.
Tenemos zanjas en vez de cordón.
Y cielos enormes y claros despejados de edificios.
El día es más día
y la noche es más noche.
Los open 24 escasean. Buscar una gaseosa de madrugada es
una excursión como mínimo riesgosa.
El ruido de motito adorna las tardes. Son los guachos que le tocan el escape.
Sonido que asusta viejas, que ayer fueron a la panadería, y unos pendejos
les tironearon la cartera: en una zanella, bien piola, bien chota, toda despintada, rápida saeta.

Esta tierra es tu abuela pasando pan por la medianera para la vecina que ya no tiene.
Golosinas de realismo mágico que solo se venden en estos quioscos especiales
donde conseguís pañales paco ibupirac el regalo de cumpleaños para
tu compañera de banco.

Estas tierras son patrias chicas micro naciones orgullosas. Y decí que nos da paja, porque el viernes se sale se va al centro a los bares a la bailanta al Bosque de moda, que sino
seriamos separatistas más fieros que los etarras.
Se camina más se comparte el remís.
Las tribus, las clases, los del colegio privado, y los de la escuela del estado. Todos se mezclan, entre jarra loca y trago especial. Por más que intentemos separarnos.
Si sos de acá, seguro que tu hermana se casó con el hijo del de la vuelta, que es el primo de la Marta, la gorda que tiraba las cartas, la hermana de Mabel, la del hijo doctor, que se fue a Capital el muy careta, y ahora no visita a los viejos. Se le subieron los humos, pero de chiquito bien que venía a jugar acá a la puerta, y fue tu viejo el que le enseñó a pegarle con tres dedos para lucirse en el potrero.

A veces tenés la sensación que no vas a salir nunca. Que pasando la autopista, te miran los elefantes, esos que sostienen al mundo en el lomo. Que si querés cruzar alguien te van a cargar chetito, careta ¿a dónde vas? Nos vamos para laburar, para estudiar, para escapar

pero volvemos
a que nos garronee los tobillos el perro de la cuadra
a que nos reciba el perfume a jazmín las plantas de quinoto,
los ligustres las medianeras los techos de tejas
la juntada en la esquina para
confirmar que eso que le contamos a nuestras
novias de Palermo a nuestros amigos de Almagro
de París de Marte de San Fernando del Valle de Catamarca

no es sueño ilusión ficción o una fiebre extraña
que nos delira la imaginación a los que viajamos en El Roca.

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