Historias sin punto final
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#25 · Tudor Muraru, panadero

Por Gastón Varela
Ilustración p. a. a. ©

La gente de Cultura no sé si tendrá interés, Ruso. Y hasta quizás tengan razón… Por eso te llamé, claro. No voy a gastar tanto celular al pedo. Tal vez puedas ayudarme a convencerlos, yo no estoy tanto con el tema de la pintura… Sí, son muy simples, como te dije. Dos obras sanas, que cronológicamente serían la segunda y la última, y cuatro reconstruidas, sí, las cortadas en tiras: donde una vendría a ser la primera de todas y las otras tres irían cronológicamente en el medio de las sanas. Las pinceladas son rústicas, pero precisas. Oleos… En eso distinto del estilo de Van Gogh, no tan marcadas. Sólo un aire, te dije, para darte una idea. Si querés les saco fotos y te las mando ya mismo… ¿Que no? Pero… ¿Cómo que describirlas…? Sí, sí, como quieras. ¿La última? Bueno, un campo amarillo con árboles, un cielo azul cobalto muy intenso y nubes, salpicado el cielo por las nubes. Sí, nada más, te dije que eran simples. El campo es de un amarillo medio dorado, pero sin brillo, más tirando a albero. Sí, recuerdo alguno de esos de Van Gogh. Había uno con cipreses, claro. Pero estos son redondos y petisos. Y hay otro con un pueblo al fondo, ¿no? ¿Auvers?… Aunque tampoco, en estas no hay construcciones ni personas. Te dije que sólo un aire a Van Gogh, Ruso. Al menos el campo, el trigal maduro. El cielo, menos… Pero lo que me llamó la atención no es la similitud, sino otra cosa. Tienen algo propio, eso me interesó. Algo misterioso. No sé. En la primera, no hay casi nada, un campo y un cielo vacíos. En la última, aparecen árboles y nubes, que no llegan a tocarse entre sí, ni los árboles ni las nubes… Pero a la vez da la impresión de un campo repleto y de un cielo repleto. Lo vacío se llenó. Ya lo sé, cada tanto aparecen pinturas de gente que murió y nunca mostró sus obras. Sí, y casi siempre comprobamos que hicieron bien en no mostrarlas y mal en no hacerlas desaparecer… Pero lo del panadero es distinto, Ruso. En serio. La perspectiva es rara. No por lo elemental, que lo es, claro, sino porque parece invertida. El paisaje está pintado desde un punto de vista inusual, casi inhumano. Como si la concavidad hubiese reemplazado a la convexidad del paisaje. Claro, al revés, como si se apoyara no sobre la corteza exterior de la tierra sino sobre la interior. Adentro de un globo terráqueo, exacto. Es rarísimo… ¿Que no te dice mucho? Estaría loco, qué se yo. Igual no me niegues que, si el viejo pensaba que la vida se daba en la corteza interior del planeta, no es curioso. El cielo vendría a ser el espacio interior del globo. ¿Cómo?… Ah, ni idea. No sé si él llegaba a esa conclusión, ni a ninguna otra, porque casi no quedaron cosas escritas. Sólo lo que te dije: el cuaderno con fechas y esas frases atrás de las pinturas. Cosas que el panadero escribió en la parte de atrás, sobre la tela… Te leo de nuevo la última: la verdad de todo está en su reverso. ¿Viste que te iba a interesar, tanto que te cagabas de risa…? Sí, es lo que dice en la tela. Se llamaba Tudor Moraru. Había nacido en alguna parte de Rumania o Moldavia, porque hablaba rumano. Cerca de tus abuelos, ¿no?… Ucrania, bueno, cerca. No se sabe en qué fecha nació. Ni pasaporte ni ningún otro documento. Un misterio. Encima decía que no era ni rumano ni moldavo. De la Dacia, eso decía. Imaginate, más de cincuenta años de panadero en Loma del Millón y los vecinos no saben casi nada del viejo. A eso sumale la muerte dudosa, un testamento de condiciones inesperadas, el tironeo legal, la casa cerrada más de 10 años sin que entre nadie… Claro, tanto enigma lo convirtió en mito. Y cuando se entra a la casa, aparecen las pinturas. Eso quiero aprovecharlo, porque ahora el mito podría ser mayor. No, nadie suponía de las pinturas… En un ropero, sí. Absolutamente ninguno de los vecinos con los que hablé. Y dicen que siempre vivió solo, desde que llegó. De aquel tiempo queda únicamente una vieja, muy vieja, pero lúcida. Igual, es lo que dicen todos. Por eso el mito. No te cagués de risa… La casa es una construcción como las de antes, no sé, cien años, todo planta baja. El frente de ladrillos sin revoque, sí. Tiene un portón de dos hojas para entrar a la cuadra de panadería, donde siguen el horno de mampostería y la mesa larga de madera. Al lado del portón, una tapia baja. Por arriba de la tapia cargaban la leña, claro. Y al lado de la tapia, una puerta chica y una ventana. Eso es todo. Llegó hace más de sesenta años atrás. Algunos dicen que tuvo hijos en su tierra, otros dicen que no, otros que tuvo acá en Argentina… Ni rastro, no. La vieja cuenta que llegó al barrio en el invierno del 49. Y puede ser, porque coincide con la primera pintura y con la primera fecha. Desde Rumania, desde Moldavia o desde donde se te ocurra, Ruso… Escapado de la cortina de hierro, dice la vieja. Nada, ni del puerto del que zarpó ni tampoco si fue realmente ese año 49 el de su llegada a la Argentina. La vieja cuenta también que en el 49 esto era puro campo todavía. Una quinta por acá, otra por allá… Todas desperdigadas, sí, sin tocarse. Claro, como los árboles del cuadro. ¿Ves que debe haber algo? Además, después de reconstruir las otras pinturas… Sí, como rompecabezas, porque te dije que están hechas jirones, todas cortadas a lo largo como una cortina de carnicería, pero con las tiras entremezcladas… Al reconstruirlas, te decía, encontré más motivos para creer que esto tiene que ver, que atrás de todo hay alguna lógica… Mirá: cuando don Tudor llegó acá… Sí, Tudor, ya soy amigo. ¡Dejame hablar, Ruso, la puta madre!… Cuando llegó, no había más que tres construcciones en la cuadra: la casa de la vieja, otra que me dicen que tiraron abajo hace décadas y ésta de la panadería. Todas de una sola planta… Eran loteos recién hechos de las primeras quintas de esta zona del conurbano, realizados sobre la base de un loteo previo de la chacra inmensa de los Ramos Mejía. La cosa es que esas tres casas no se tocaban entre sí. Hoy, en cambio, es un barrio repleto de construcciones, obviamente separadas por medianeras, pero pegadas, casi encimadas. Ya desde hace décadas, bueno, lo sabés. ¿Cómo, Ruso?… ¿Los años de las pinturas reconstruidas?… La primera es de junio del 49. Coincide con el relato de la vieja y con el cuaderno, que dice: 1949 junio. Pero lo que me llamó la atención comienza en la segunda obra, de diciembre del 49. Exacto, la primera de las dos sanas. Es idéntica a la anterior, de junio, salvo por la perspectiva, que ya es inversa. Claro, cóncava. Sí, un poco de cada una… Vacía de árboles y nubes, como la primera, pero con la perspectiva cóncava de la última. El tema parece obvio… Pero desconfío de lo obvio. Ya lo dice el viejo en la última: la verdad de todo está en su reverso. No me pongo místico, Ruso. Es fácil suponer que la primera es de su tierra y la segunda es de acá. Sí, atrás de la más vieja dice: así era mi tierra. Por eso se la pudo reconstruir con facilidad. También en el ropero, pero en una caja. Todas las tiras juntas, un bollo… No sé. Igual, si fue escrito con posterioridad, no cambia. No, tampoco. Él o algún otro, no sabemos. Pero nadie sabía de los cuadros… La letra es un poco distinta, aunque la letra se modifica con los años… Tampoco si la trajo con él en el viaje, como trayendo una postal… Claro, si la hubiera pintado otro quizás explicaríamos las copias sucesivas, una manera de recordación de su tierra o algo así. Pero no podemos afirmarlo. El resto de las pinturas trabaja sobre el mismo paisaje cóncavo de la segunda, y van sumándose los árboles y las nubes… No, la gente de Cultura no parece tener interés, te dije, yo sólo creo que es importante conservarlo. A vos te van a dar más bola, supongo. Hay cada uno, que ni te cuento… Pero dejame decirte una cosa antes de que me olvide: más allá de que la primera probablemente haya sido una especie de modelo del resto, y de que el viejo Tudor extrañara ese paisaje, lo raro es que nunca haya pintado ninguna persona. Porque agregó árboles y nubes, pero nunca… ¿Van Gogh tampoco en los campos?… Bien, Ruso, estás atento. ¿Solamente unos cuervos?… ¿Ni en Auvers, donde murió?… ¡Como Tudor Moraru, el Van Gogh de La Matanza, carajo!… En ninguna de las seis, nadie. La aparición de los árboles y las nubes coincide proporcional y temporalmente con el poblamiento del barrio. Pero, ¿por qué no agregó a los pobladores?… No, no creo que sea alguna masacre allá en su pueblo… O sí, no sé. ¿Que habrá huido…? Pero las pinturas parecen referirse más a esta tierra que a aquella… Se me ocurre que no extrañaba mucho. Si no, hubiera buscado algún tipo de comunicación con los suyos, Ruso. Tendrían que haberse encontrado cartas, fotos, postales… Al menos, algo… Pero no hay nada en la casa. Todo completamente limpio de su pasado. Salvo que haya entendido que la vida fuera imposible en su tierra, entonces partir, entonces recomenzar lejos, inexorablemente lejos del pasado, un construirse como ajeno a todo… No me hago el poeta, Ruso, te hablo en serio. ¿Los vecinos?… No, no recuerdan que el viejo hablara de su tierra, salvo eso de que era de la Dacia. Como los coches, claro, que son rumanos. Sí, feísimos, una poronga. Ahí tenés, el viejo negaba ser rumano o moldavo. Era dacio, insistía. Pero los dacios desaparecieron hace siglos, Ruso. Y las tierras podían ser rumanas o moldavas. ¿Cómo, de dónde más, Ruso? ¿Lo estás buscando?… Sí, decime. ¿Bulgaria, Hungría, Serbia y Ucrania?… Entonces como tus abuelos, Ruso, ¿entendés?… Sí, hablaba rumano, pero los moldavos también lo hablan. La vieja coincide con el resto en que don Tudor no se trataba en profundidad con nadie. Se ve que nunca quiso aprender más castellano que el que le sirvió para vivir de su horno de panadero. Y claro, como el rumano es en parte derivado del latín, se las arregló para entender relativamente rápido el castellano… Pero como nunca le importó contar nada suyo, siempre se comunicó en su cocoliche… Cagate de risa, la vieja dice que era un tano hablando en ruso. Y no porque fuera mal llevado. Al contrario, todos coinciden en que era cortés y solidario, aunque parco, como la gente de antes. Ah, y seguramente fuera anarquista, como todos los panaderos de aquel entonces, cuenta la vieja. También dice algo de un club mutual llamado “Crisol de juventud”… Sí, averigüé, queda acá a la vuelta. No saben nada. Los registros de los socios de aquel tiempo fueron prendidos fuego hace décadas, y nadie de ahora recuerda que el viejo haya ido. Pero pará que esta llamada me va a salir un huevo… ¿En qué estaba?… Ah, te decía que las pinturas pueden ordenarse cronológicamente. La segunda es con fecha segura de estar en Argentina. La tercera es del 51, quiere decir que el viejo ya llevaba dos años, mínimo. Y ese año concuerda con el de la reparación completa de la cuadra donde elaboraba el pan. Exacto, según lo que cuenta la vieja. No, la pieza y el escusado los fue arreglando después. Claro, cuando Moraru compró, lo que había era la cuadra con el horno de mampostería semiabandonado, una pieza al frente y el escusado en el jardincito del fondo. De a poco fue reparando la cuadra y el horno, para ponerlo en producción. Después reparó la pieza, hizo el baño adentro y dejó libre el fondo. ¿Cómo?… No, nunca vendió acá. Y esa es otra razón de que se sepa tan poco. Siempre horneó pan para afuera. ¿A los vecinos? A los de su cuadra muchas veces se lo regalaba, dicen. Nada más que francés, hacía. Sí, milonguitas, miñoncitos, flautitas y de fonda, principalmente de fonda, pero tipo francés. Muy rico. Inigualable, dicen. Pero como es un mito… Vendía a las panaderías de la zona. Salía con su triciclo a hacer el reparto antes del amanecer. En las mismas bolsas de harina lo llevaba, las de papel madera. O en canastas… Alguna que otra vez un ayudante, muy ocasionalmente. Por eso se perdió el rastro también… Había días que repartía hasta tres triciclos, cuentan. Siempre él. Sí, los vecinos más viejos. Te dije, nunca tuvo con ellos más que un saludo respetuoso, casi solemne, pero no pasaba de saludo. O un “de nada” cuando le agradecían el pan que les regalaba… Hasta cuentan que plantó el naranjo en la vereda, para que los pibes coman las frutas… Un tipo extraño. Y el quilombo vino por el testamento, que cedía la propiedad a los vecinos de su cuadra. Así se entendería perfectamente lo de las naranjas… Aunque, no sé, sigue siendo muy raro… Sí, muerto. Lo encontraron los vecinos cuando entraron a la casa. Muerto al lado del horno… Después de tres días de no verlo salir de la panadería. Por atrás, entraron. Saltaron la medianera y se metieron por el jardín del fondo. Paro cardíaco, supuestamente. Pero casi todos creen que se suicidó. Veneno, algo por el estilo. Más que nada por el testamento, lo piensan, y porque les convendría. Entonces se metieron los abogados y la Municipalidad. Quilombo. Por eso quedó cerrado desde aquél tiempo. Claro, los cuadros los vieron ahora. Entonces llamaron a los de Cultura, y ellos a mí… ¿Qué cosa? ¿El horno?… A leña, sí. Siempre a leña. Todavía quedan algunas astillas de quebracho acá al lado… El piso del horno es de piedra, exacto. No sabía que entendías de panes, Ruso. Ah… Todo pan francés, sí. ¿Un palo con una hojita de afeitar?… ¿Como un cuter?… Ya te digo… A ver… Hay un balde de madera, un cepillo de cerdas duras, un calentador a kerosene, una radio vieja, de esas que sintonizaban onda corta… Y acá en una mesada hay un manguito como de cuchillo, sí, con una Gillette toda oxidada en la punta, hendida en la madera. ¿En serio?… ¿Ésto usaban para hacer los cortes en el lomo del pan?… Ah, para que fueran parejos y no se deformen al hornearlos… Claro, y con esto habrá hecho jirones los cuadros sin que se desfleque la tela… Con una hojita de afeitar… Porque son perfectos los cortes, Ruso. De ahí que no haya sido tan difícil reconstruirlos… Además de las fechas de atrás y los escritos, claro. Sí, te dije que esas fechas están subrayadas en el cuaderno… Y algunas otras. Sí que te dije lo del cuaderno con las fechas… No las de los cuadros, las del cuaderno… Sí, viejísimo, las hojas amarronadas. Fechas, sólo fechas. Muy metódico. Una por renglón. Hay años que aparecen en dos renglones seguidos; otros, una sola vez. Pocos años no figuran. Y siempre las fechas coinciden con la época de la cosecha, salvo la primera. Exacto, por eso infiero que es trigo. Y los años de los dos cuadros enteros y de los cuatro reconstruidos están subrayados, sí. Y otros también subrayados, así que hay obras que faltan, seguro. Tenés razón… Sí, la primera no coincide porque en Europa junio es como acá diciembre. Claro… El cuaderno es de allá, entonces. Qué boludo no darme cuenta… O lo anotó cuando llegó acá, también puede ser. Sí, en castellano. ¿Las dos frases…? No, las frases están escritas en los cuadros; en el cuaderno simplemente las fechas. De los cuadros, el primero dice: así era mi tierra, y la fecha. Junio del 49, sí. Y de ahí en más, o sea, desde la primera pintura entera, siempre diciembre. O diciembre y enero. O diciembre dos veces, y el año, obvio. O algunos años nada, pero pocas veces, ya te dije… En el cuaderno… Sí, y atrás de la última está escrito: la verdad de todo está en su reverso, y la fecha. Claro, coincide con su muerte, Ruso: diciembre de 2001. No, no sé. No sé cómo no se animó a entrar nadie en más de diez años. Seguro por el tema del juicio… Había fajas judiciales, unas ventanas tabicadas con ladrillos… Pero podrían haberse metido igual, ya sé. De hecho se habían colado por el fondo cuando lo encontraron finado… Sin embargo, salvo la mugre, no entró nadie. Así que la cuadra de panadería quedó tal como cuando el viejo murió, dicen. Y parece ser cierto… ¿La muerte?… Te dije, un suicidio, coincide la mayoría. Dudan de un simple infarto… Aunque hay quienes insinúan en joda que se clavó un viagra y palmó. Sí, por eso de que salía cada tanto. Ya te conté, acá cerca, sobre Rivadavia, en Ciudadela. “Emporio”. Gran nombre. En serio que fui al mediodía, no te estaba jodiendo. Puertitas a la calle, portero eléctrico, escalera angosta al primer piso y un pasillo mínimo que termina en un gordo inmenso. “A esta hora hay servicio de guardia nada más”, aclaró el gordo apenas me vio subir. Cuando le dije que era por otra cosa, desconfió y mostró los dientes. Le pregunté por el viejo. La mole dijo no conocerlo, al principio. No se acordaba de nadie así… Yo me imaginaba rodando por la escalera en cualquier momento, con un tiro en la frente. Pero al verme cagado en las patas, el gordo se aflojó y se presentó como “El Gurka”. “Claro, el panadero”, me dijo después, y me hizo pasar al “salón”. Esa fue su palabra: “salón”. No, no tan pocilga, era grande. O sí, pero una pocilga digna. Ya en el salón, El Gurka me llevó hasta una barrita que había en el rincón del fondo, con una heladera vidriada atrás. Entonces abrió la puerta de vidrio y me invitó una birra. Después pasó un trapo rejilla por el pegote de la barra… Obvio, la birra estaba fría, Ruso. Te dije que una pocilga digna. Me la mandé de un trago. Una lata, sí. ¿Qué te importa eso?… Yo tampoco había ido a un puterío al mediodía… Muy extraño, porque entraba el sol por la ventana que daba a la calle, no había música, se oía pasar el tren… El resto, lo común. Un pool, una rockola antigua desenchufada, mesitas ratonas, unos puff… La cuestión es que, al toque, el gordo también me confirmó que el viejo era medio mítico en el barrio, y hasta lo deschavó. Me explicó que iba los domingos a la noche, porque no tenía que hacer pan para el lunes, ya que cierran las panaderías. Aunque, de inmediato, se corrigió: “cerraban, al menos”. No hablamos mucho más. Lo que sí, me invitó, digamos, una segunda birra, Ruso, que terminaría cobrándome como si fuera un champán. Pero de eso te cuento después. Al final, dijo que no sabía que el panadero pintaba y que de las minas de aquel tiempo quedaba una sola. ¡Y estaba! Sí, en serio, estaba de guardia. Entonces El Gurka bordeó una tarima con telón rojo de pañolenci que estaba casi al lado de la barra y llegó hasta una de las puertas del otro rincón. Golpeó suave con los nudillos. Cuando se abrió la puerta, hundió la cabeza pegándola al marco, como si quisiera escuchar la madera. Después dijo algo que no llegué a entender y se vino otra vez al lado mío. “Pasá con ella así hablás tranquilo”, fue su última frase antes de guiñarme el ojo y desaparecer por la entrada del salón. Cómo te doy letra, ¿eh?… Pero yo esperé en la barra. Claro, por eso la puta salió y se acercó al toque… Ojo, no tan veterana… Nos quedamos ahí parados, tomando otra cerveza… En fin, lo importante es que don Tudor había pasado con ella varias veces. Le decía Helena, me contó. Siempre les decía Helena, a todas. Y hablaba raro, también me dijo. ¿Quién habrá sido esa Helena que buscaba, Ruso?… No sé. Nadie sabe. Sí, obviamente que se lo pregunté. Me contestó que nunca había trabajado ninguna Helena, que además ese era un nombre de vieja, muy malo para una puta y que ella era Marilú. Igual, es lo de menos, no suma mucho el nombre… ¿Creés que sí? ¿Que las llamara Helena contradice lo del suicidio?… Vos estás loco… Es cierto que los que buscaban a Helena no deseaban morir. Exacto, aunque palmaban en la búsqueda, no querían morir hasta conquistarla. Pero eso en la mitología griega, Ruso. Y un puterío de Ciudadela no es precisamente la Hélade… Sí, unos dicen en joda lo del viagra, pero… ¿Entonces qué…? ¿Que estás seguro que un tipo así no se suicida…? ¿No te parece agarrado de los pelos…? Pará, pará… ¿Cómo?… No, ninguna otra inscripción. Igual me fijo si hay algo más en el cuaderno… Pará, tranquilo… Sí, ya busco… Acá tengo, te repaso… Están las fechas, nada más, algunas subrayadas… A ver, me fijo mejor. ¿Atrás, decís?… A ver atrás… Sí, Ruso, hay algo. Pará, carajo, ya va… Es algo con letra muy chica. Sí, castellano… Te leo: Enterré mi tierra en esta tierra. Que sea como las migas de pan, jardín de gorriones. Y esperá que abajo hay otra cosa, escrita más chica todavía. A ver… Parece una receta… Aguantá. Sí, una receta, Ruso… De pan…. No la había visto, qué pelotudo… En la parte de adentro de la contratapa. Ahora te leo… ¿Qué cosa?… Sí, atrás… Atrás está el jardín, en el fondo donde antes estaba el escusado, ya te dije. Ahora es un yuyal, claro… ¿Cómo? ¿Ponerme a buscar ahí?… ¿Que las obras que faltan están enterradas en el fondo?… Sería una locura… Está bien, pero… Bueno, entonces me fijo y después te llamo. Sí, ¿qué?… Ah, la receta… Proporción bolsa 50 kilos harina; 1 kilo sal; 350 gramos azúcar; 1,5 a 2 kilos levadura (frío), 500 gramos (calor); agua; amasar mezcla, tapar bien al calorcito hasta levar; cortar y poner en horno 180 grados. Listo, no hay más… ¿Viste que excedía la calidad de las pinturas? Ya sé, por más narración que se haga, lo primero es la obra. Pero ahora no te la des vos de filósofo, Ruso… ¿Entonces para qué las quiero conservar?… Quizás porque no tengo motivos para no hacerlo. Pero bueno, después te llamo, voy a revisar el jardín…

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