Historias sin punto final
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#25 · Ya no existen los Ramones

Por Atilio Heidegger II

“Hay que aprender a soltar” es el grito de guerra de moda entre los muy cagones. Al menos dos generaciones de cobardes que no pueden hacerse cargo de nada. Portadores de tristezas de cotillón, falsos melancólicos perpetuos, eternos incomprendidos de plástico. Maricones y mariconas que no sienten, se  alimentan el ego. Que no sienten, se encaprichan.

“Hay que aprender a soltar” dicen los muy eunucos, los muy castrati, los muy sin huevos.

“Hay que aprender a soltar” dicen las muy vacías de ovarios, las muy frígidas del alma.

Testículos y pedazos de ánima capados y secuestrados por psicoanálisis de supermercado, dónde sale mucho aquel viejo producto que ahora está tan de moda: la neurosis.

Fobia: la nueva excusa de los histéricos.

Histeria: la vieja excusa de los muy cagones.

Nadie se hace cargo. Nadie se hace responsable de lo que piden sus tripas. Nadie quiere querer. Nadie aguanta un “te quiero”. Nadie aguanta un “te amo”. Es grasa. Grasa como un Renault 12 celeste con colita anti estática flúor y calco de “El Bosque no para”

Jóvenes no tan jóvenes, protegiéndose de no caer en las viejas trampas, negociando a cambio su humanidad. Convertidos en pálidos, pecho fríos, intelectualoides indie, pletóricos de Youtube, stand up, poesía de dudosa procedencia y charlitas chotas por celular. Todo un imaginario a favor de una legión de pelotudos fríos como el culo de una monja en agosto.

Se van a morir. De una manera u otra, se van a morir. Y no nos van a dejar nada, nada útil, nada para educar a los que vienen, nada para hacer un engrudo que nos mantenga al menos soñando.

Sigan, sigan cuidando su “libertad individual”, sigan sin entregarse. Porque soltar, es sacarse de encima, porque soltar es no entregar, es no dar un carajo.

Sigan anhelantes de aventuras que no van a cumplir porque mañana se tienen que levantar tempranito para cuidar sus papelitos protagónicos como jóvenes y pujantes profesionales –todos prescindibles. Se van a morir cadetes o se van a morir gerentes, se van a morir igual de grises. Sigan buscando consoladores descartables tan etéreos, livianos, nerviositos como ustedes mismos, tan solo para pasar un rato. Para dejarlos ir sin siquiera un magullón, sin mácula, sin que les hayan dado si quiera algo digno. Porque placer se consigue, pero mañana nada queda. Porque si no duele un poco, no hay contraste. Porque si no duele un poco, no es ese sentimiento transformándose en mundo que nos contó Miguel.

Sigan así nomás.

Sigan así, que por culpa de ustedes no nos va a quedar ni una canción como la gente. Ni un disco que se pueda escuchar entero una y otra vez. Nada que alegrarse si suena en la radio. Nada, nada, pura caquita vacía como ustedes.

Por las dudas, mientras tanto, acopio temas de los Ramones. De esos que dicen Baby i love you, de esos que no se ponen colorados por rogar I wanna be your boyfriend o I want you around…

 

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