Historias sin punto final
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#6 · El espíritu que me acompaña

Por Gustavo Salamié

No recuerdo qué edad tenía cuando mi abuela murió, creo que doce o trece años, pero gran parte de su personalidad quedó instalada en mí. Mi abuelo murió unos años antes, justo cuando estaba a punto de cumplir seis, y de él tengo algunos recuerdos. Recuerdos alegres y gestos de amor.

No recuerdo haber llorado cuando ellos murieron. No sentí ni viví su ausencia como un sufrimiento ni como algo trágico. Siempre mantuve viva su esencia y así fue que crecí.

Cuando vi a Sig Ragga por primera vez, sin haber escuchado una sola canción previamente, sentí una conexión muy fuerte en ese show que viví en compañía de algunos amigos (y gracias a ellos) y que género en mí una energía increíble.

Al otro día del show, ya en mi casa, busqué el disco en mi computadora y cuando lo escuché por primera vez e investigué un poco desde dónde venía y la carga emocional que traía, me di cuenta que el disco tenía algo de mis abuelos. Sin antes haber escuchado esta banda, sin siquiera saber de ellos, esa energía llegó a mí como una fuente de luz, de claridad. Me emocioné. Lloré. Y comprendí de dónde viene ese amor que siento por el universo y esa sensibilidad que encuentro naturalmente en la noche.

Cuando pensé en un disco importante que haya marcado diferentes momentos de mi vida se vinieron varios a mi mente. Busqué en mi adolescencia, una etapa rebelde acompañada por el punk rock, pensé en los discos que me unieron a muchos de mis amigos que hoy me siguen acompañando, pensé en aquellos discos que al parecer sólo me gustan a mi o me hacen sentir algo especial cuando los escucho y que pareciera no sucederle a nadie más, pero nunca había exteriorizado esta idea de que mis abuelos podían estar vivos en una canción o en un disco que además me hicieron conocer mis amigos casi por casualidad (¿casualidad?) y que a ellos los emociona tanto como a mí y lo reconocen como un todo. Poder compartir eso con ellos, poder sentir en silencio o en un abrazo que estamos sintiendo lo mismo y poder asociarlo con mis abuelos y trasladarlo a un espacio infinito, me hicieron ver hacia atrás y entender parte del recorrido de mi vida. Me hizo ver y profundizar el sentido de mi búsqueda y me hizo sentir que todos, así como lo hace la muerte por el resto de nuestras vidas, tenemos un espíritu que nos acompaña.

Información sobre el disco:

Aquelarre es un disco que me hace pensar en que la gente que se muere y con la cual tenemos una gran conexión, se transforma en espíritus que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas.

Y, sobre todo, descubrí esa energía en el tema número cuatro del disco: Pensando.

Pensando es una canción que empezaron a componer para el primer disco de la banda. Estuvo guardada durante algún tiempo y la retomaron en el 2012, antes de la grabación de Aquelarre. Tiene una carga emocional muy fuerte para sus integrantes porque habla de la pérdida de los padres de dos de los integrantes del grupo. Estos padres fueron muy importantes en la historia artística de Sig Ragga. La canción está cargada de esa tristeza pero también evoca otras sensaciones que fueron viviendo con el paso del tiempo. Hay un ocaso, una transición, como un puente a otra dimensión. Un amanecer donde se siente la presencia de ellos. Aquel misterio de la transformación de la energía impulsa a los músicos y a quien logra conectarse con su obra a repensar cómo leemos la muerte.

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