Historias sin punto final
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#13 · Las profundidades de un oceano lleno de aire

Por Demian Rosales

Sumergido en un tanque de agua, sale en búsqueda de una bocanada de aire. Una frágil estela de humo, que lo recubre, parece protegerlo. Muy bien no se sabe de qué, pero existe una amenaza, un peligro latente. Un engaño que se vuelve carne en cientos de puntos rojos, camuflados en aquel azul nebuloso que acompaña a la silueta negra de este hombre presentado. Si se presta atención, se puede ver en su cara una pequeña sonrisa relajada, y de sus labios, despega el humo que se eleva lentamente sobre su pelo.

Tan solo basta con apretar play para que este pequeño mundo fotográfico se reformule una vez más y estalle en un millón de partes a través de los parlantes. Lo que se escucha es un ritmo cansino y decididamente hipnótico, que en ningún momento pierde el groove. Canciones llenas de texturas –propias y ajenas– con conceptos tan profundos que podría tomar una eternidad desmenuzar. Todo eso es parte de este disco y en una escala más macro, de un artista. Gustavo Cerati tomó todas sus intenciones y simplemente hizo “lo que tenía ganas”. Bajo este marco nació Bocanada. Un segundo disco que, por aquel momento, tenía más sabor a debut que a continuidad de un camino armado.

En 1997, Gustavo salió de un medio lleno de ruido para descansar en otros proyectos. Luego del “Gracias Totales”, frase que marcó el cierre de la última gira de Soda Stereo, se apoyó en Plan V y Ocio, discos netamente instrumentales que sólo sorprendieron a muy pocos, ya que tuvieron una difusión intencionalmente under, que mucha gente desconoce hasta el día de hoy. Con esto nació la época de los discos “después de Soda Stereo”. Un concepto que la prensa y los fans se encargaron de destacar en cada oportunidad que tuvieron.

En cada entrevista Cerati reforzaba el concepto de que iba a volver a hacer un disco de canciones, pero que aún no era el momento. Mismo caso con su compañía discográfica, ya que temía que su carrera se focalizara en esta música “electrónica ambiental”. O sea, sin canciones. Más allá de todos estos supuestos, él solamente necesitaba aire. Como le sucede a un nadador al salir de la pileta después de una rutina dura. Sólo quiere abandonar ese medio acuoso, en el que se siente tan protegido, para salir y respirar. Actividad que, si lo piensan detenidamente, cuesta un poco al salir del agua, por más práctica que se tenga. Tan solo le toma unos segundos componerse completamente y seguir. Durante ese tiempo se siente en cámara lenta, con una pausa marcada y una paz irreproducible a través de cualquier otro medio.

Quizás fue a partir de esta necesidad de bajar las revoluciones que lo llevó a descansar y buscar paz para poder tomar un nuevo impulso en su próximo despegue. Sinceramente, por más ego que una persona pueda tener, no debe ser sencillo llevar el título de “la banda más grande de Latinoamérica” sobre los hombros. Teniendo en cuenta este tipo de cosas, era obvio que tenía que romper el marco en el que se movía. Tarea difícil de encarar, salvo por las ganas –sus ganas– de ser algo nuevo, mucho más después de tantos años de carrera. Gracias a esto, queda la sensación que su óptica se vio modificada para bien, que se amplió y pudo volver hacia atrás para crear un nuevo adelante.

Aunque cueste reconocerlo, Bocanada son varios discos en uno solo. Sin caer en metáforas usadas, esta frase no se puede ajustar más a la realidad de la producción del CD. Porque Cerati repasó varios autores que escuchaba en aquel momento para definir lo que se transformaría en las primeras bases del álbum. Si bien muchos estaban contentos con el resultado, para otros terminó por dividir las aguas. El audio elegido no es el más convencional y sobre todas las cosas, es difícil de encasillar. ¿Qué es esto? ¿Pop? ¿Rock? ¿Qué hizo? ¿Qué pasó con las canciones de Soda Stereo? Sin embargo, por más interrogantes que haya podido generar, la pregunta que más se escuchó fue: Si saca canciones de otros discos para hacer el suyo, ¿cómo es posible que no sea un robo? Fácil: porque no hizo un copy-paste de la obra de otro intérprete y la renombró como propia. Sino que, como los grandes DJ’s de la primera generación del hip-hop, él tomó recortes específicos de diferentes canciones, luego les modificó tanto el tiempo como su sonoridad y luego las adaptó a sus nuevos temas hasta volverlos suyos. Por más sencilla que pueda sonar esta progresión, tuvo que realizar muchos viajes en el tiempo para alcanzar el resultado obtenido.

Así fue como mientras mucha gente lo criticaba desde este franco, otros lo disfrutaban y en ese nuevo público tuvo la posibilidad de reinventarse. Así como ellos se beneficiaron al conocer un costado más maduro de Cerati. Costado que quería salir hacía tiempo, pero al que le costaba mucho despegar de la imagen de grupo que se ocupó en forjar durante años. Una situación similar le había pasado durante la época de Amor Amarillo, su primer disco como solista, concebido bajo el núcleo de su antigua banda. Por ejemplo, en una entrevista para un medio chileno, Gustavo terminaba de tocar Te llevo para que me lleves y el presentador del programa, luego de la pared de aplausos y saludos, antes de despedirlo, le pidió un tema de Soda Stereo. En pocas palabras, uno que sepamos todos.

Considerando todo lo anterior, es lógico que Tabú haya sido el puntapié inicial de esta aventura. El tema es un rapto hacia un sendero desconocido, lleno de obstáculos, nuevos colores y, sobre todas las cosas, emoción. El vértigo que genera la línea de bajo, conjuntamente con la batería, toman despiadadamente al escucha para arrojarlo a otro plano. Algo que muchos no estaban acostumbrados a escuchar o esperaban del intérprete. Pero junto con Engaña y Bocanada (el tema), crean una tríada perfecta que funciona como un tráiler para lo que se puede escuchar del disco.

Recuerdo bien la primera vez que me enfrenté a semejante trío. Tenía unos doce años y, hasta ese momento, no le había prestado atención a la música nacional, sobre todo a nuestro rock. En esa época estaba más enfocado en el brit-pop, con el que bombardeaban canales como MTV o Much y las radios más populares.

Este episodio se dio en la casa de mi mejor amigo, más precisamente en el cuarto que compartía con su hermano mayor. En un escritorio lleno de papeles, libros, biromes y ropa recién lavada, empezó a buscar algo. Con su mirada revisaba todo entre semejante desorden, como un helicóptero que sobrevuela una zona. Cinco segundos más tarde tenía el disco en la mano. Me quedé atado al arte de tapa, pero la verdadera

experiencia comenzó cuando la música se volvió concreta.

El tema que más me sorprendió de esta primera parte fue Engaña, que aún produce algo extraño en mí. Como si el relato de ensueño, junto con la simpleza que sugiere y una guitarra tan espiralada como un mantra, formaran parte de un todo que buscaba musicalmente pero que no sabía que existía. ¿Cómo puede ser que estaba buscando eso si ni siquiera sabía que existía? No lo sé, pero lo sentí así. Sin embargo, el conjunto de factores tocan una fibra tan profunda que parece que lo conociéramos con mucha anterioridad.

Fue con estas composiciones que pude entender por primera vez a qué se referían con el concepto de “escuchar música”. Porque, en definitiva, cualquier persona que esté en plena capacidad de sus sentidos puede escuchar, pero el mensaje no le llega a todos, sin importar cual sea… simplemente no está ahí.

Lejos de todo posible snobismo, hay que admitir que existe más gente que consume música en lugar de escucharla. En mi caso particular, logré superar esa barrera y junto con esto pude volverme un poco más crítico de lo que había escuchado hasta aquel momento. Ahora sí, vale aclarar que este disco no termina sólo en tres temas. Todo lo contrario, el grado de emoción y curiosidad que provocó me llevó a recorrerlo al extremo. Gracias a esto pude anclarme un tiempo en otros temas como Perdonar es divino y Verbo carne; este último, acompañado por la filarmónica en Abbie Road, es el quiebre profundo que divide la lista en dos pero que no cambia el eje del disco.

Además, pude conocer cientos de bandas, canciones, instrumentos y tipos de composición, entre otras cosas. En definitiva, pude descubrir los discos dentro de este disco. Pero, sobre todo, pude entrar a su mundo, a sus diferentes discos y al fenómeno de Soda Stereo. Desconocido para mí hasta ese entonces, salvo los hits. El tema es que una vez adentro, no pude separarme más.

Bocanada despierta muchas partes de mi memoria, tanto que lo podría utilizar como soundtrack para incontables momentos de mi vida. Si bien puede resultar extraño para muchos, son sentimientos que fueron cambiando a lo largo del tiempo y que, hoy en día, me han dado un margen para poder moverme en mundos más sensibles. Para poder observar, en lugar de ver; para poder escuchar, en lugar de oír, y cerrar con una verdad absoluta de una de sus canciones: darse cuenta que todos merecen lo que sueñan.

 

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