Historias sin punto final
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#17 · Niña de Vietnam

Por Diego Blanco

 

Con el pavimento mojado bajo mi moto comienzo el ascenso a las montañas de Hà Giang. En mi cabeza no deja de sonar Victorialand de Cocteau Twins, entre niebla, llovizna y nubes.

Una niña de unos ocho años camina en dirección contraria a mí con una canasta de mimbre totalmente cargada en su espalda. Paso a su lado y la observo; veo su rostro de frente, tres cuartos y perfil. Me alejo pensando en su cara, su gesto responsable y su edad.

Más adelante, entre curvas cerradas y precipicios, veo a la misma niña pero esta vez con dieciséis años, cargando la cesta repleta sobre su espalda.
 Sigo subiendo la montaña completamente cubierta de acordes y nubes, que se suceden con la suavidad repetitiva de la guitarra de Lazy Calm; y otra vez ella, de 33 años, caminando a un lado de la ruta con su cesta. Paso y continúo mi camino hacia la cima entre arrozales, cabañas y familias de campesinos trabajando al unísono.

Ya en el descenso, veo una anciana encorvada, caminando lentamente y con cierta dificultad, cargando una cesta llena en su espalda. La observo mientras me acerco. Lleva su cabeza inclinada hacia abajo para poder soportar el peso, y su postura no me permite verle el rostro. Pero justo cuando paso a su lado, levanta la cabeza como adivinando mi presencia. Entre las arrugas de su cara y su pelo blanco alcanzo a ver su mirada, que se clava en mis ojos deteniendo el tiempo durante unos segundos.

Casi puedo sentir la textura de su piel gastada.

En mi cabeza, Elizabeth Fraser continúa cantando con la suavidad de las montañas, como si nada de esto estuviera sucediendo.

Y entonces puedo ver: es la misma niña realizando el mismo camino de cada día durante todos los días de su vida.

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