Historias sin punto final
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#18 · El Bacalao

Por Francisco Bertotti
Ilustración Rodrigo Cardama

 

Amigo mío: siento bronca, y mucha. Voy a hacer lo posible para que no condicione mi relato, pero creo que va a resultar imposible.

Alguna vez me preguntaste sobre el bacalao y hoy, recién hoy, puedo detallar ciertas peculiaridades que me vienen a la cabeza. Espero ser claro y que te valga.

Antes que nada, el bacalao es el jefe, razón suficiente para decidir sobre vos y tu entusiasmo. No importa tu opinión y menos tu camino, olvidate; él, por ser el bacalao, va a dar la última condolencia.

El bacalao en principio te agrada y hasta en ciertos momentos te simpatiza.

Pasan los días, las horas y en algunos casos extremos –tal vez inéditos–, los minutos. Y te das cuenta con las urgencias y sugerencias que el bacalao es el bacalao; no lo intentes ni menos aun te desilusiones: esto no va a cambiar.

Será así y está bien que así lo sea.

Pero escuchame bien: nunca bajes la cabeza.

El bacalao seduce.
Ni un pálido llamado entre las tibias horas de la tarde, esas horas perdidas llenas de reflexión y angustia, esperando esa chance remota, ni posteriormente la endulzante suma, tan cautivadora como la misma sonrisa, pueden rebajarte a la seducción del bacalao. Sé que es muy difícil no dejarse llevar por la tentación, pero es imprescindible, en estos días, que lo tengas en cuenta.


       El bacalao es hipócrita.
Como te venía diciendo, mi amigo, por si lo olvidaste: al principio las muecas son cordiales.
¿No vas a negar un cálido y delicado pocillo del mejor café, no? Menos aun renegar de una fresca, cremosa y refinada masa dulce. ¿Y si encima el microclima artificial que inunda la sala te envuelve y te acobija maternalmente? Las ofertas llueven como garúa fina que azota el conurbano: pausadas, sutiles y casi sin lastimar.
Pero también sabemos que esa garúa incesante, lenta pero penetrante, ha de sepultar las más colosales de las civilizaciones.
El bacalao es egoísta.
No le interesan tus méritos, ni menos tus bondades. Él decide y su único objetivo es lograr su cometido, saciarse a sí mismo, complacerse y dejarte migajas a vos y tus ilusiones.
Este punto resulta crítico y levemente preocupante, ya que es de los pocos que en un futuro puede penetrarte, despacio pero mortalmente, así como lo hace el veneno más puro.

El bacalao condiciona.
Si te creíste que ibas a poder expresarte, fundamentar y planificar, desarrollar tus habilidades pescadas ahí muy cerquita del río, te voy avisando, mi amigo acongojado, que lo olvides.
El bacalao siempre va a buscar lo que él quiere y no va a parar hasta encontrarlo. Nunca olvides esto: a él “no le gusta”. Al bacalao “no le gusta”. No insistas, no busques más razones ni explicaciones, ­cuando al bacalao “no le gusta”, tiralo al tacho, deséchalo, y sin importar cómo, volvé a hacerlo. Y que sea rápido.

El bacalao asfixia.
Todo es ayer. El bacalao no tiene tiempo para perder, está urgido. Y yo te conozco amigo, estás sediento, necesitas una gota más, una ínfima gota más, fresca como agua de glaciar, pero el bacalao no espera. Terminalo y punto.

El bacalao irrumpe.
Desobedece y se entromete. Opina y decide. Acciona y manipula. ¿Pero qué conocimientos tiene el bacalao sobre tu obra? Ni te lo preguntes. Es en vano, desgastante y, en ciertos casos, humillante. Propongo detallar de qué hablamos en este punto. El bacalao, como tal, tiene la estimulante capacidad de saberlo todo: colores, letras y formas. Reduce su audaz y longevo conocimiento a significados banales, y encima vos, pobre iluso, lo aceptas.

El bacalao podría hacerlo, es práctico.
Pero claro mi estimado, ¿te sorprende? Y yo una vez más te pregunto, ¿para qué tanto tiempo contando plateadas de 25 para el 28? Realmente te lo digo, ¿qué necesidad de echarle un ojo a la luna a eso de las tres? En serio amigo, te aconsejo, levemente  tarde, que aquel sábado vos tendrías que haber dormido o salir de aquel desolado Tía Cleo, y si era con Juli mejor.
Para qué tanto desgaste si es tan fácil a la manera del bacalao, que tiene la notable capacidad de sintetizar y resume en tres palabras cómo fracasar:

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