Historias sin punto final
redaccion@revista27.com.ar
 

#20 · Pasajero en este show

Por Tomás Gorrini
Ph. Gustavo Salamié

 

“En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos”. El talento de Andy Warhol no empezaba ni terminaba en la punta de su lápiz. Su habilidad para desenvolverse con los medios, su rol como gurú de la modernidad, garantizaban el éxito. Fue mucho más que esos 15 minutos de fama que inmortalizó en una entrevista para la televisión estadounidense.

Silvester Stallone nació con una parálisis en la parte inferior de su cara: un accidente que le ha dado una forma muy particular de hablar. A diferencia de Warhol, el talento no le era innato. El esfuerzo y la dedicación lo llevaron a alcanzar los 15 minutos que lo catapultaron al éxito.

Se conocieron una noche en Studio 54, una legendaria discoteca neoyorquina que tuvo su apogeo entre los 70 y los 80, y se tomaron una foto que muchas marcas de ropa utilizaron para incrementar su fortuna. Todas las súper estrellas estaban ahí: desde Frank Sinatra hasta un jovencísimo Robert De Niro. La discoteca no distinguía entre el talento y el esfuerzo. El único derecho de admisión era ser exitoso.

Fernando Pandolfi está sentado en el Café La Poesía, en San Telmo, lleva puesta esa remera, y sospecho que debe saber algo de esa historia. Talentoso desde sus primeros años, logró cumplir el sueño de muchos jóvenes argentinos: ser jugador de futbol. El largo camino para llegar a jugar en primera división no sólo atraviesa al talento; sin esfuerzo resulta imposible finalizar el recorrido. Una fórmula matemáticamente perfecta para lograr el resultado tan anhelado: el éxito. Sin embargo, harto de las injusticias y los negociados que propone el futbol actual, a los 27 años (vaya paradoja con la revista) decidió ponerle fin a su carrera deportiva, y encontró en la música su lugar de felicidad. Los comentarios malintencionados no demoraron en aparecer, y el éxito conseguido quedó rápidamente opacado por otra fórmula, también, matemáticamente perfecta: sin éxito, sólo hay fracaso.

–¿Qué significado le das al fracaso?

–Para mí el fracaso es todo lo que te genera cierta disconformidad con tu ser. El ser humano vive constantemente en esa situación de sentirse un poco frustrado o fracasado, son palabras odiosas que se usan mucho, desde que sos chiquito. Cierta expectativa que no se logra cumplir. No sé si usé mucho la palabra fracaso, sí frustración. Cuando más fracasado me sentí es cuando estuve sin hacer lo que realmente tenía ganas; lo otro es frustración. Intentar algo, dar todo por eso y que no tenga el éxito o la recepción que esperabas no lo tomaría como un fracaso.

–¿Cuál es el fracaso?

–El fracaso es correrse del eje. Yo tenía une eje cuando era chico que era jugar al fútbol, ser feliz. Cuando creces, el sueño no sólo viene con el logro sino con un montón de circunstancias que te tocan vivir: la envidia, los celos, la competencia insana; un montón de cosas que tiene el profesionalismo que te va amoldando de otra manera y ya no pensás lo mismo de la vida, entonces en cierto punto eso es como sentir que uno fracasó.

–¿Te sentías un fracasado?

–Sentía que estaba de más. Las pocas peleas que tuve con algún técnico empezaban en mí, siempre tenía algo de que quejarme y creía que las cosas podían hacerse de otra manera, pero no podía cambiar nada. Cuando tenés veintidós años sos un pibe y ves las cosas desde tu punto de vista, es egoísta.

–¿El éxito es la felicidad?

–Es un mensaje cortamambo, y es lo que sufren un montón de futbolistas que van quedando en el camino. Es lo mismo que cualquier otro trabajo, más allá del dinero. Mi adolescencia la resigné, y cuando tenía mi independencia y en el club no me querían, se me fueron las ganas de jugar. Mi retiro tuvo un poco de todo: está el que dice qué boludo, el que dice qué maestro, el que dice se cagó todo… yo lo veo como una mezcla, hice lo que tenía ganas, y a su vez fue un poco de cobardía no saber superar los momentos malos, ir de fracaso en fracaso me llevó a decir basta. El único perjudicado siempre era yo. Nunca llegué a entender el juego del business, del show. En eso fracasé, sino hubiera seguido jugando. Ese fue mi gran fracaso.

–¿Hoy te arrepentís de la decisión que tomaste?

–Te juro que no. Al contrario, con los años y las cosas que pasan… No hay nada más lindo que el fútbol, que el juego, pero hay un montón de cosas que no van. Estamos educados en un país donde está bien protestar, está bien pedir amarilla para el rival, pegar una patada si estás enojado. Se festejan cosas de las cuales requiere el futbol. Necesitamos gente con garra, pero Mascherano es un tipo con mucha garra, que amonestan muy poco y no es mala leche. Un cero a cero es un fracaso, ¿sino para qué mierda jugamos?

–¿Notás que hay mucha gente que pregona alcanzar un determinado fin, sin importar los medios que se utilicen?

–Hay una edad en la que el jugador o quiebra eso y se adapta, se hace el pelotudo para pasarla bien, que es lo más normal, o está el que se hace mucho problema por lo que sucede a su alrededor y eso le termina jugando en contra. El futbol no deja de ser una pieza más dentro de este show. Para jugar a la pelota por ganas, por placer, me junto con mis amigos. Si vamos a hablar de grandes equipos, grandes contratos y grande todo y vamos a ver un espectáculo y sale cero a cero, eso es un fracaso. Cada vez vemos menos a los jugadores que te hacen disfrutar. Por ahí lo ves en el barrio y lo disfrutas, pero los domingos se ven muy pocos. Por eso que lo critiquen a Messi es una locura.

–¿Cómo hay que tratar a los que critican a Messi?

–No lo veo tan grave, no le daría mucha importancia. Es difícil ser Messi y tener ganas de venir. Los jugadores le dan prestigio a la selección. Perdimos dos finales con dos equipos merecedores. Es muy normal que en esa lucha la mayoría fracasen porque el éxito lo logra uno solo, es una palabra muy cruel. Bielsa no deja de ser uno de los mejores técnicos del fútbol, a pesar de haberse vuelto en primera fase en el mundial del 2002.

–¿Qué aprendiste de Marcelo Bielsa en su paso como director técnico en Vélez?

–La convicción que tiene. Vino a un club que ya había ganado muchas cosas de una manera y cambió la mente. Nos convenció que podíamos seguir ganado. El que jugaba en un puesto, ponerlo en otro; el que no corría, que corra. Y sobre todo la igualdad: tratar a todos por igual. No había amiguismo. Igualmente, sé que sufre por su manera de ser. No se soporta mucho tiempo en un mismo lugar.

–Corriéndote del fútbol, ¿cuándo sentiste que alcanzaste un cierto éxito?

–No, yo creo que en todos los aspectos, si me analizo, fracasé en todos. Tuve negocios que me fueron bien, mal, me divorcié. Eso en la vida muchos se lo pueden tomar como su gran fracaso. Hay que saber transitarlo, vivirlo y superarlo. Ahora estoy en pareja de nuevo, otro fracaso para la soltería. Soy bastante autocrítico, no me creo nada. Hay que hacer como los muertos: si estas convencido de lo que haces, lo que digan de vos, te tiene que chupar un huevo. Para un tipo que lo único que le importa es progresar económicamente, quizás, yo fui un loco por retirarme a los 27 años.

–¿Sentiste felicidad cuando dejaste el fútbol?

–Sí, porque había corrido el eje. Venía enojado con la situación, empecé a tocar la guitarra y a escribir. No pensé en la plata, sólo en hacer lo que tenía ganas. Lo que viví después no me lo quita nadie, lo que me tocó a mí fue increíble. La pasé bien, mal, regular, desde otro lado mucho más humilde, más familiar; después es como todo, tiene un final. Lo que me haría feliz sería agarrar un micrófono, tener una banda ya armada y cantar.

–¿Qué estás haciendo ahora?

–Estoy totalmente al pedo. Tenía un negocio que vendí, empecé el curso de técnico y estoy más cerca del fútbol que de la música por una cuestión de necesidad, de no sentirme un fracasado. Todavía no encontré mi lugar en el mundo. Nací, me crié y me iba a dormir con la pelota. Cuando cumplí el sueño de ser profesional me cambió la cabeza, empecé a verlo de otra manera, y se me fue la pasión por el deporte, aunque el placer de ver buenos futbolistas y buen fútbol me sigue asombrando.

 

No comments

LEAVE A COMMENT