Historias sin punto final
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#21 · Todas las cosas rotas juntas

Por Lucila Rolón

 

Alquilé
la habitación
del Puede ser
y ahora
me quiero echar
boca arriba
sobre el ramaje de hierro de los balcones de Congreso
hoy tampoco
desayuné
y no soy menos feliz que
la ninfa del colegio de
monjas que no
veo hace años
y que Facebook me cuenta
que ya tiene más de treinta
y nunca negoció un sueldo
o un intento más en el amor
hay un vacío en los recuerdos
tormenta tibia bajo la lengua
y un zumbido
de familiares
que exigen
que llames
para engañar al hambre

los edificios sin persianas
tampoco son negocio
la libertad de tapar el sol
con la mano
se la quedaron
los arquitectos

y las madres
no confiesan
como si fueran miembros de una organización
secreta
de guerreras olvidadas
que las tareas domésticas
salen mejor
cuando están urgidas
por algún tipo
de caos
en el corazón
aplasto moscas con las pestañas
asesiné
decenas el viento
me las trajo de frente
con puntería de terrorista

me paso el dedo por el borde del
ojo
como si
me sacara una basurita
y no el cadáver
de un desconocido
un ratito de asco compartido es
otra manera de amarse
embarrarse y seguir avanzando
hasta que se rompa el remo

todas las cosas rotas
juntas
podrían formar algo alguna
vez
un panal luminoso
un casco
de piel.

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