Historias sin punto final
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#26 · Carta a mamá

Por Malena Valenzuela
Fotografía de archivo personal

Mamu:

 

Yo también me pregunté por qué a mí… En una de las tantas cartas que recibí cuando estaba en coma, una mujer decía que uno no se puede quedar en el por qué, sino que es mejor pensar en el para qué. ¡Tenía tanta razón! Ahora, cada día que pasa encuentro más explicaciones para entender para qué me ocurrió el derrame. Las cosas pasan por algo, pero también pasan para algo. Para ser más optimista, más paciente y observadora; para disfrutar del sol de la mañana; para dejar tanto frito y saborear la verdura y la fruta; para decidir cambiar de carrera y estudiar algo completamente diferente que me hace más feliz; para ser más tolerante y comprensiva son los demás, y conmigo misma; para dejar de preocuparse por tonterías, como vos decís, y ocuparse de las cosas que realmente valen la pena. Estoy segura de que si no hubiese tenido el derrame, nada de todo lo que vino después me habría sucedido. En general, solo en una situación límite tomamos conciencia de cuán vulnerable es el ser humano: hoy estoy; mañana, ya no. Entonces uno quiere priorizar todo lo que no hizo y abandonar lo que estaba haciendo de modo automático porque quiere aprovechar cada momento de su vida como si fuese el último. Yo nunca me había detenido a pensar si la vida es corta o larga… después del derrame, encontré otra manera de disfrutar la vida, comencé a ocuparme para que el goce sea mayor, en duración e intensidad. Pasar una noche jugando a las cartas con Juli y Juan, mis hermanos; levantarme un sábado a las once con un sol radiante y quedarme en la terraza sentada bajo el cielo turquesa; o disfrutar de una charla con mi amigo Piri. Eso es tan gratificante que no se compara con nada. No por el ego de uno, sino porque estoy segura que Piri se sintió tan acompañado como yo me sentí cuando tuve el derrame, cuando la bronca y la ira se apoderaba de mi cuerpo y mente, cuando me vi al espejo pelada y no me gustaba, cuando tuve que tomar decisiones importantes.

Mamu: gracias por estar siempre a mi lado, dándome fuerzas para seguir. Porque el pelo crece, la cicatriz se tapa, el habla se aprende y los kilitos de más se bajan. Porque con tu amor incondicional me enseñaste que no había ningún motivo para no seguir. Y seguí, seguimos juntas tan unidas como antes, o más, compartiendo charlas, momentos, risas, llantos, miradas.

 

Ojalá que el alma no lo olvide, y lo recuerde de vez en cuando…

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