Historias sin punto final
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#23 · La revolución del silencio

Por Alejo Aguiar
Fotos Virginia Croatto

Una guerra que se ha librado de a momentos con muchos silencios e injusticias ha dejado toda clase de víctimas. La directora de cine Virginia Croatto refelejó en un largometraje la compleja mirada desde una de las tantas aristas que han tenido una guerra civil, que hasta hoy con el paso del tiempo la misma no termina de cicatrizar la herida.

 

Los secretos atraviesan a los seres humanos a lo largo de la historia, se suceden de generación en generación y solo los valientes logran revelar los misterios rompiendo el artilugio heredado de callar, por vergüenza, por temor o hasta por flagelo.

 

Virginia ha logrado sobrevivir a la injusticia de vivir bajo la sombra de su historia, una historia de una revolución que tenía destino a ser gloria y que solo logró héroes del silencio de una leyenda contemporánea.

 

–¿Cómo fue ser hija de la revolución?

–Es lo único que conocí de niña, fui eso, hija de militantes, no sé si me puedo pensar de otro modo. Creo que tengo mucho agradecimiento en lo que tiene que ver con lo ideológico, me gusta, elijo, como quiera uno pensarlo, tener conciencia. Tener noción de algunas cosas de la vida, la injusticia, la diferencia, la pobreza, pensar en el otro. No sé, creo que da profundidad a cada ser humano contar con esas variables para vivir, no puedo terminar de imaginarme como es hacerlo sin ellas. Por otro lado, fue duro, claro que si, no tener a mi viejo, el exilio, los viajes, la injusticia sobre mi viejo y los demás desaparecidos, la incomprensión, los silencios. Pero soy el cumulo de esas cosas, de esas vivencias, no sé cómo sería de otro modo, me lo pregunto con respecto a mis hijos, que por suerte viven una infancia más tranquila, en términos políticos y también materiales. Me da vueltas en la cabeza qué herramientas les estoy brindando, si serán suficientes, si al no pasar por cosas duras en términos personales, podrán entender, podrán ponerse en el lugar de otros, entender situaciones, solidarizarse. Confío que si, hago lo necesario para que eso pase.

–¿Qué recuerdos tenés sobre tu infancia en La Guardería?

–Tengo varios de distintas intensidades, mas genéricos, se me escapan y regresan a visitarme cada tanto. Sobre todo el juego colectivo, el estar con otros, el grupo, eso. Eso es lo más fuerte. Con lo malo que tiene también, de quizás necesitar un poco de espacio más intimo. Juegos con los demás chicos, la escuela, la despedida de Cuba, olores caribeños, la comida, muy asociado al mango, a la guayaba, al coco, los plátanos, a una leche en polvo que nos daban en la escuela. Me acuerdo de mi maestra, de algunas muertes, de cuando me enteré que había unos “tíos” que habían muerto.

–¿Qué unía a todos los chicos?

–La historia supongo, el ser hijos de esos militantes que decidieron eso. Había un sentido compartido. Una historia compartida. Después las cosas de los chicos, amistades, afinidades y diferencias. En ese momento nos unían nuestros padres, la decisión de ellos.

–¿Un momento marcado por la tristeza y otro de felicidad de aquellos años?

–El regreso, el día del regreso, mi familia nos fue a buscar al aeropuerto con pancartas, hermoso. Feliz. Pensé que volvía a un lugar ideal, era chica, tenía siete años. Mi mamá había querido volver durante mucho tiempo, se había frustrado más de una vez. Tristeza, cuando me enteré sola que habían matado al tío Carlon. Lo leí, no me habían avisado. Como símbolo de todo. No recuerdo cuándo mataron a mi papa, tenía tres años; no recuerdo cuando me enteré.
–¿Cómo justificaban el alejamiento? ¿Sentiste injusticia por lo que te tocaba vivir?

–No y sí. Qué difícil. Estaba rodeado de sentido para nosotros todo, estábamos ahí porque se luchaba en Argentina por un país mejor. Pero sí, sentíamos que era por culpa de “los malos” que no podíamos disfrutar de nuestro país. Creo que sentíamos lo que sentían los mayores, añoranza de algo que no sentíamos tan nuestro.

–¿Cuál es tu mirada hoy de aquellos años y de la lucha de tus padres?

–Yo siempre digo que son momentos, que seguro hay momentos que todo parece más loco, alejado, inentendible, el contexto cambió tanto que es muy difícil extrapolarlo. Lo contesto en términos dicotómicos, pero insisto en que creo que esas miradas distintas conviven en la misma persona. Si tuviera que definirme por una creo que pertenezco al grupo de los que “acordamos con la decisión de nuestros viejos”, no es que me parezca mejor ni peor, lo procesé así, necesité entender, hice mucho por entender, leí, pregunté y discutí mucho. Siento que ahí no tengo deudas, rollos. No siempre fue así. Y quizás surjan otras cuestiones más adelante. Siento que reivindico esa generación y eso no hace que la glorifique, ni que piense que todo estuvo bien. Es rara la posición donde me siento para hablar de la generación de mis viejos, yo hago lo mejor que puedo mi vida, ¿mi hija tendrá derecho a reprocharme más adelante? Entiendo que con nuestros viejos es fuerte la decisión de exponerse, ahí está quizás la gran diferencia, pero de algún modo me pregunto si está bien que yo o mi generación cuestione o no a la anterior, ¿no? No sé, una pregunta que me surge es, ¿con qué autoridad?

–¿Podrías hacer lo mismo que ellos?

–No sé, sinceramente. La vida cambió mucho. Ya no creemos que dar la vida sirva para algo, se puso en cuestión el tema del sacrificio, el dar todo. No sé si hay una identidad que permita armar un colectivo tan grande. Quiero un país más justo. Hago lo que puedo dentro de eso.

–Por último, ¿qué te llevó a hacer la película?

–Yo sé que un día dentro de un par de años voy a encontrar una respuesta que me guste para explicar. Pero por ahora no tengo idea. Me imagino despertándome y que el sentido se me aparece en un sueño o saliendo de análisis, confío en que algo así me pase (me ha pasado y es hermoso), ojalá, quiero poder hacer una síntesis. Tenía mucha necesidad. Me costó mucho, muchísimo, hacerla. Y sin embargo regresaba la idea, la necesidad, la búsqueda. No me gusta pensar el cine como catártico, traté que no se redujera a eso, pero seguramente en toda producción que los seres hacemos, algo de eso, se “cuela”, ¿no?

 

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