Historias sin punto final
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#15 · No es solo Rock & Roll

Por Matias Butti

Sin caer en profundos análisis, podemos llegar rápidamente a dos conclusiones tan sencillas como ciertas. Una nos interesa en este número, la otra no, aunque la vamos a nombrar. Hasta el momento, absolutamente todos los seres humanos que habitamos esta maravillosa y golpeada tierra compartimos dos cualidades: Todos somos hijos de alguien y todos en algún momento, hasta que Mirtha Legrand demuestre lo contrario, nos vamos a morir.
La música no escapa a estos fenómenos. Está hecha por “hijos de…” y lamentablemente (venimos sufriendo bastante en estos tiempos) quienes nos hacen vibrar con sus canciones, van a dejar (¡o ya dejaron!) este mundo en algún momento.

 

El Rock Nacional, por esa cuestión sentimental y pasional que nos abraza a los argentinos, ha escrito bastantes piezas sobre el tema que nos convoca y es interesante analizar los diferentes enfoques encontrados.

 

Respetando los procesos naturales que se dan en la vida, vamos a ir mencionando algunas canciones, sus artistas y analizando un poco desde donde se escribió cada uno:

 

“Cuando estés acá”, un clásico de La Renga, compuesto por Tete a su primer hijo, Lihuel. Esta canción tiene la particularidad de haber sido escrita durante el embarazo de su mujer. Adelanta la llegada del mismo, prometiéndole un espacio, un tiempo y algo por qué luchar. Entre otras cosas, “El Tete” deja en claro que nadie podría pensar en destruir el mundo en donde va a crecer un hijo propio. La sensibilidad va más allá de los pelos largos, las estrellas rojas, la barba y la distorsión.

 

Tenemos el caso de Andrés “Ciro” Martínez, quien regala “Canción de Cuna” aparentemente tras un reclamo. “Debe ser que me pediste un día una canción, que fuera del corazón, ahí te va!”. Vuelve a aparecer la cuestión del tiempo, al igual que en la cita anterior. Al parecer los minutos no importan cuando se trata de un hij@. En este caso, a Manuela, la segunda, según cuentan. Hay tiempo nomás, todo el tiempo! Ya con la niña llegada al mundo y después de atravesar algunos años en el mismo, el cantante de Los Persas (de Los Piojos en aquel momento) nunca imaginó poder llegar a sentir un amor tan profundo ni ser tan importante para alguien.

 

Particularmente, Facundo Cabral escribe una canción imaginando lo que quisiera transmitirle a un hijo, sin tenerlo ni estar esperando uno. En este caso, la creatividad de un grande parece no estar impulsada por el sentimiento o la sensación de ser padre, sino por proyectarlo y querer contarnos a nosotros cual sería el mensaje que le dejaría. Cabral escribe “no crezca mi niño, no crezca jamas, los grandes al mundo le hacen mucho mal” a un hijo que hasta el momento, no había tenido. Algunas versiones cuentan que tuvo una hija varios años después, otros lo niegan. No es lo importante.

 

Al parecer, así como el nacimiento de un niño conmueve al músico a escribir, los artistas devuelven estas retribuciones escribiendo también como hijos, a sus propios padres y madres.

 

“Nadie se atreva a tocar a mi vieja, porque mi vieja es lo más grande que hay”, escribe Pappo, quien no nos deja mucha posibilidad de análisis. Tan claro como profundo y crudo, el Carpo amenaza a quien intente hacerle un mal a su madre. Una luchadora que va a la plaza y laburó toda su vida, pero no pierde la oportunidad de llevarle el desayuno a la cama a su rockero y ya crecido hijo.

 

Vamos a meter en la categoría “Rock Nacional” a nuestros hijos adoptados de NTVG, ya que estamos en el tema. En su canción “La única voz”, Emiliano le dice a su madre, con una mano en el corazón, que no se olvida de todo lo que le dio. En época de escasez y preocupaciones (“nos falta por todos lados, ¿Cómo  salimos  esta vez?”) aparentemente la protección de su madre, el tono de su voz, las caricias y el esfuerzo, sacaron adelante una familia de tantas que la pasan o la pasaron mal.

 

Al parecer, “El Piti” de Las Pastillas del Abuelo, fue más fuerte que su Edipo y ésta vez le tocó a su “Viejo” (aunque años después homenajeó a su madre en otro de sus discos). Coloca a su padre en el lugar de mito viviente, desmintiendo a quienes afirman que él no cree en la existencia de algún ser supremo. “Lo juro por mi pellejo, para mi dios es mi viejo” concluye esta canción. La emoción que generó esta pieza tocada en vivo justamente en el Día del Padre, obligó a Juan (baterista de la banda), entre lágrimas, a dejar de tocar su instrumento antes de terminar la canción y dirigirse hacia el costado del escenario, donde estaba su padre y fundirse así en un abrazo muy recordado.

 

No podría dejar pasar a quien considero EL hijo del Rock: Dante Spinetta. En mi caso, su padre fue uno de los artistas que marcó mi vida y lo sigue haciendo cada día. No recuerdo haber experimentado alguna vez aquello que viví en el Luna Park, cuando escuché por primera vez en vivo, por IKV, la canción “Águila Amarilla”. Todo hijo podría escribirle, sin dudas, una canción a su fallecido padre y lograr que quien la escuche se emocione. En el caso de Dante, al ser un Spinetta, con toda la sensibilidad que esto significa, logró algo más que eso. La mixtura entre una composición emotiva desde lo armónico, con los acordes y las tensiones justas, más el sonido sensible de un ensamble de cuerdas, la crudeza que le aporta la formación rockera de la banda y sus guitarras distorsionadas. La lírica en primera persona su hijo, Emmanuel Horvilleur, casi uno mas de la familia, acompaña de la mejor manera, la potencia del vivo y las imágenes inéditas de un álbum familiar de Luis Alberto, lograron generar algo, a mi entender, único e irrepetible alguna vez.

 

Una pieza alentadora, que invita a seguir adelante, a no frenar a pesar del dolor, pero que a su vez nos recuerda la partida de Spinetta desde otro lugar. “Te amo, porque inventaste el amor. Y es tanto tu amor que te volviste canción”.

 

Suena para siempre.

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