Historias sin punto final
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En el instante previo a la explosión no hay emoción a mayor distancia, menos probable: la paz inconsciente que antecede al miedo origina la potencia del impacto.
Una caravana de electricidad visitante destruye la paz y funda el nuevo orden de vida, sometida a intenciones ajenas. A punto de reventar, las vísceras resisten convulsionadas.
El miedo satura glóbulos sanos, implanta microbios, contamina salivas, cocina una salsa que cierra todas las salidas y arrasa con las ilusiones. Enfrentado, pierde dominio y retrocede, aunque cada desacople lo alimente a retomar el control con más fuerza.
Cuando es relevado por carne fría, deterioro maquillado y palidez quebradiza, al grito del miedo lo calla una mordaza.

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