Historias sin punto final
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#27 · El señor de la noche

Entrevista por Julián Marini y Federico Araya
Ph. Jésica Giacob

 

Entrevistar a Enrique Symns es, en realidad, un acto masturbatorio del ego. No hay curiosidad, no hay sentido periodístico, y mucho menos noticioso. Solo la satisfacción personal del “lo hice, enfrenté al monstruo”.

Entrevistar a Enrique Symns es mostrarle a papá que uno también tiene fuerzas, y lo puede cagar a piñas. O al menos intentarlo.

Entrevistar a Enrique Symns es, de alguna forma, jugar al torero. Enfrentar a un animal fuerte e indomable, mucho más peligroso que uno y, atentos a esto, un toro acostumbrado ser él quien sostiene la capa. Pero jugamos con una cruel ventaja: el señor de los venenos bufa herido por el paso del tiempo.

Comprendiendo como viene la mano al respecto, intentar asesinarlo sería una idea mucho mejor; darle muerte, finalizar la historia de Enrique, transformarlo, aún mas, en mito, cuento de terror, anécdota ochentosa, prócer del periodismo, o leyenda urbana.

Concretamos un punto de encuentro, le ofrecemos caramelos para que acepte, elegimos las armas… pero algo falla: es inevitable, alguien comienza a preguntar.

 

LA MALDICIÓN DE LA CONCHA

 

–¿Tenés tiempo?

–…

–¿Hasta que te aburra?

–Hasta que me aburra

–O nos aburramos nosotros.

–Vos podes fotografiarme cuando quieras

–Bueno, ¿querés que te fotografíe ahora?

–No, no, cuando vos quieras, no dije ahora, cuando vos quieras. Menos comiendo, comiendo no. Había un rey famoso en la antigüedad que mandó a matar a su hijo porque comía en público y cagaba en privado. Lo privado lo inventaron los franceses, “privee”. Tiene el sentido de privar a alguien de algo, privar a alguien de saber la verdad… y el baño es la peor parte, porque en el baño se miente. ¿Qué es una casa?: el comedor es una excusa para ir a la cocina y al baño para cagar. Comés, cagás, comés cagás, nada más.

–Arranquemos: mirá, no queremos hablar ni del indio, ni de la falopa.   

–¿No querés hablar de 13 millones de dólares? Antes era muy amigo de Iván Noble. Él iba a SADAIC y cobraba por Avanti morocha 40.000 dólares por cuatrimestre. Así que imaginate. Yo le decía “espiá quiénes son los que más ganan”, el número uno (en esos años) era Palito Ortega, el segundo Favio; no había ningún roquero.

–¿Cómo entraste al periodismo? ¿Qué hiciste antes?

–Era ladrón, me fui a España, con la dictadura. Y seguí siendo ladrón. Me fui por la dictadura y en España hacíamos de todo: traficábamos joyas a Portugal, vendíamos autos truchos, vendíamos nafta en Italia, robábamos televisores, de todo. Pero… una casualidad: yo estaba detrás de Bourdieu y en una conferencia suya apareció un tipo muy raro que me dijo que los mexicanos pagaban tres mil dólares (de aquella época, que era mucha plata, eh) por escribir un libro sobre la represión sexual durante el franquismo (porque yo llegué a España justo en el año que murió Franco) y les dije si de ladrón, e hice una investigación que les rompió el orto, escribí un libro extraordinario. Me felicitaron, me pagaron y además me dijeron que estaba muy bien escrito. Ahí me di cuenta de que podía ser escritor.

 

En realidad mi oficio era el de monologuista callejero; cuando volví a Buenos Aires, en un monólogo que estaba haciendo en calle Corrientes, me vio Jorge Pistocchi el director de “Pan Caliente”, aunque parezca increíble, y me preguntó si quería ser jefe de redacción de la revista; y al mes, dos meses, me vino a visitar el jefe de redacción de Clarín y me llevó al diario.

Yo sabía que era un buen escritor, no sabía que podía ser un buen periodista. Lo que pasa es que al principio me enviaban a entrevistar con todos los movileros y yo no me atrevía; pero rápidamente me di cuenta de que no era capaz de entrevistar a un juez, pero si a un delincuente; y si iba a un leprosario yo entrevistaba a los leprosos y no a los médicos, a los drogadictos y no a los psiquiatras. Sin darme cuenta me puse de un lado de la calle y bauticé mi oficio como antropología de la vida cotidiana, la voz de la gente; y en contra de lo que yo llamo el periodismo jurisprudente, que es el periodismo que está a favor de la propiedad privada (en vez de policiales debería llamarse delincuenciales, que son los verdaderos protagonistas), a favor de la moral pública, a favor de la salud (como todos los estados pastoriles que custodian la salud de su ganado). El periodismo jurisprudente se vio luego empeorado por otro tipo de periodismo que es el militante. La palabra militar es un verbo y un sustantivo, como “poder”: poder coger es hermoso, pero tener poder es desastroso. Y el periodismo militante al final es de milicos y un milico no puede hacer periodismo. No es estar a favor de algo, eso no es periodismo eso es de un juez, no sos un espía que va con un grabador escondido, no sos un policía. El periodismo es una investigación sobre la naturaleza humana.

 

–¿A esa investigación se la debe encarar desnudo?

–Y, eso es lo ideal. Me acuerdo de la última experiencia que tuve la suerte de hacer, porque luego no me contrató más nadie, que fue con Lanata en Crítica. Me iba al hipódromo, me encontraba con jugadores espeluznantes, fui a Fuerte Apache, a Soldati, en el barrio de Once hablé con los que fumaban paco y los vendedores, porque además vas con un magnetismo que hace que las historias vayan hacia vos. Hice notas que me conmovieron a mí, porque si no haces notas que te conmuevan, si no te ponés nervioso con lo que hacés, ¿qué pasa?

–¿Y en ese contexto cómo entra lo de la escuela de periodismo y la objetividad?

–No, la escuela de periodismo es un invento, como dijo García Márquez el último oficio que a la universidad le resta robar es el de las putas, porque quedaba el de periodista que se hacía en los bares. Yo aprendí en los boliches, en la calle Corrientes, como aprendieron todos los periodistas viejos. Cuando yo hablo con los alumnos que vienen de la universidad vienen con mucha teoría pero en realidad no saben un carajo de historia del arte, de la cultura, no saben nada, la estudian parcialmente para profesionalizarla, leen un librito de astronomía cuando entrevistan a un astrónomo. La universidad, como dijo Nietzsche, es la tumba del saber y la cuna del poder, para eso sirve la universidad, para establecer poder, nada más, porque después no vas a ver jueces negritos, apenas dejan que haya médicos ecuatorianos, je.

–Cuando empezaste con Pan Caliente y luego saltaste a Cerdos y peces (no queremos hablar específicamente de eso) hiciste algo que le pateó el culo a la forma en que se hacia periodismo en los 80 y en la argentina.

–Un chiste que siempre hago es que el primero que me llamó Bukowski fue Carlos Polimeni en el festival de la falda (ahí tenés un ejemplo de mal periodista, un cerdo) y yo pregunté quién era ese tipo y después Claudio Kleiman me prestó “El cartero” y en ese momento yo decía “bueno, hay un Symns en California”.

–Te decía, Cerdos y peces le patea el culo a la forma en que se hace periodismo en los 80, que tiene que ver con la forma en que se rompe con el guión con que se trabaja, pensarlo desde otro lugar.

–Una vez me tocó hacerle una entrevista al director de documentales Jorge Ricardo Preloran y no había visto nada de el. Y le dije la verdad y salió una entrevista alucinante. Hay que aprovechar la propia naturaleza, no tratar de forzarla: si se es tímido, ser tímido. Sobre todo tener un verdadero interés en la persona. La entrevista es lo que más me apasiona del periodismo, porque es como esta, única, efímera e irrepetible.

–Eso que en los 80 generó escuela y fue revulsivo hoy fue incorporado, digerido.
–Es que ahora no hay revistas, el secuestro de las intensiones trasgresoras hecho por profesionales es verdaderamente criminal. Pero caen en una trampa: pueden ir a Villa Soldati, filmar a los que toman paco y desde el mundo mirarlos. Pero también podés ir y estar con ellos y mirar desde el paco el mundo. Yo cuando fui les compré paco a todos y es tan triste, especialmente en Soldati. Porque no salen nunca, la droga te aquerencia, te fija, te para.

 

Yo me acuerdo que la primera vez que saqué una nota en el porteño sobre homosexuales fue un escándalo, en la segunda que fue sobre coito oral nos pusieron una bomba. Y después saqué una nena desnuda en tapa. Nos comimos un juicio (lo ganamos porque era la hija del fotógrafo).

 

Argentina es un pueblo fascista, Schopenhauer dice que en la multitud no hay nadie ni nada, no hay un alma ahí, lo que hay es el poeta hablando.

 

Pero periodistas hay, lo que no hay es medios que los muestren.

 

–¿Harías de nuevo una revista igual a la Cerdos y peces? ¿Qué revista te gustaría sacar?

–Una revista que hable de todo lo que haya surgido desde el año dos mil para adelante. Hacer esa revista en un país como el nuestro que es un país de fantasmas, necrófilo, que le gusta la muerte. Que convierte a los muertos en ídolos de barro, en santos: Mercedes Sosa, Jorge Luis Borges, Sábato, Sandro ¡¡Son todos santos!! Y lo más interesante de las personas es su parte oscura, la parte gris, la parte negra; La negra Sosa era una mierda, egoísta, miserable, muy poco generosa. Pero acá hay un culto estúpido a la muerte… bueno, el fascismo es así; no es como en México, me encanta la mirada de México sobre la muerte.

–Bueno, hablemos de la muerte. Te estás cuidando…

–Bueno… le tengo miedo a la muerte. Una vez entrevisté a Germán García, él decía que no le tenía miedo a la  muerte porque hacía como los estoicos, cuando la muerte estaba él no estaba. Un truco mental. Miedo a la muerte… morir es como no haber existido y vivir es estar despidiéndose permanentemente.  Además tenés un hijo y va a morir, tu nieto va a morir y van a morir todos por la maldición de la concha femenina, es la maldición eterna del universo, el gran agujero negro. Es una asesina la vagina, ¿para qué parir seres que van a morir?

 

Me trajo mi madre y pobrecita ella, nunca se lo agradecí. Nunca me gustó haber estado aquí. Me gusta la existencia, el mundo es hermoso, pero la vida es un horror: es una traición del mecanismo de adaptación forzosa, tenés que comer, tenés que orinar.

 

Yo estoy preocupado por cuándo me voy a morir.

 

–El último misterio.

–El único. Bah, hay varios misterios. Yo he tenido una vida misteriosa. Misterio viene de misticismo que quiere decir anti religioso. No tiene nada que ver con los dioses.

 

 

SOY UN VIRUS

 

–Yo observé por microscopio el virus de la gripe. Es igual al Apolo XI, cuando entra al cuerpo sale la policía, que son los glóbulos blancos, y se separa totalmente y la policía sigue su camino, el virus se vuelve a rearmar, se sube arriba de la célula, baja una jeringa, la copia, sube y se mete ¡¡y la reemplaza!! ¡¡Nadie sabe que el enemigo está entre sus amigos!! Esa frase de Nietzsche es increíble: “solamente tus enemigos serán tus enemigos”

–¿Esto también puede ser leído como parte una receta para subvertir este orden?

–No hay receta, ¿Qué receta? ¿Qué te pensás? ¿Qué soy, un cocinero yo?

–…

–Hablar es complicado, las enfermedades son las palabras pero la curación también viene de las palabras, que es el gran descubrimiento del psicoanálisis. Y trajo, Freud especialmente, una gran duda a este mundo, la pregunta de qué carajo es la conciencia: ¿Es un espejo de si misma? ¿Quién me habla?, yo soy hablado, en estos momentos no tengo tiempo de pensarlo. Y por lo tanto me moriré sin saber lo que he vivido, nunca me voy a acordar de la discusión que tuve con mi chica en la que le dije “vos sos una puta porque le chupaste la pija a Juan”, no, me voy a acordar del contenido textual pero no de lo que dije, no tengo memoria de eso.

 

La memoria es un gran mecanismo del olvido: nos olvidamos y por eso este planeta sigue igual, no ha cambiado nada; la década del sesenta de hace siete millones de años es la misma que esta. El primer instrumento musical que se encontró estaba hecho con los huesos de un águila y era para espantar tigres, el arte es un invento para matar. En el circo romano morían mil quinientas personas por día, pero de repente la muerte pasó de moda, la gente no fue más a ver la muerte, y ahí nacieron dos porquerías, dos frivolidades de mierda, que imitan: el arte y el deporte: cuando un keniata corre es porque persigue un león o por quiere cazar una jirafa. Un boludo que corre ¿para qué carajo corre? Y el arte lo mismo: lo dijo Buñuel: ¿Qué es el arte? Setecientos idiotas mirando una pantalla vacía. Y ahora son setecientos millones de idiotas mirando una computadora, la computadora es uno de los instrumentos más graves que se han inventado.

 

–Saliste corriendo de la muerte, hace cinco minutos que me estás contando cosas que ya sabemos de vos.

–¿Y de la muerte qué te puedo decir? De la muerte no se puede hablar, se puede hablar con ella cuando llega. Lo que te puedo decir es que hace inútil todo, da lo mismo. Hay una frase que en “Crimen y castigo” Dostoievski la instala en el mundo “nada es verdad, dice Raskolnikov, por lo tanto todo está permitido” y la muerte te pone en ese lugar y eso lo retoma Nietzsche. Cuando leí crimen y castigo siendo borrego quería salir a matar gente si nada es verdad, explicame por qué no me voy a coger un chico de ocho años, ¡explicame!

 

La respuesta a eso es que primero no podés, yo me acuerdo de Augusto Comte, el diputado que yo apoyé en una campaña en la que prometía llevar a los Redondos de ricota al parque Lezama y el tipo se suicidó. Yo en aquella época ponía una publicidad en la Cerdos y peces que decía “no sea egoísta, no viaje solo. Llévese alguien consigo” y el no se llevó a nadie; imagínate que le mataron a un hijo y esperaba justicia.

 

Me gusta la palabra venganza, “vengar” viene del verbo “volver” me acuerdo de algunos relatos que me hicieron los presos de cómo se vengaron atrozmente. Bueno, la venganza de la señora que mató al nene*. ¿Medea, no? Es raro Sófocles. Cuando Edipo vence a la pregunta de la Gorgona y esta se arroja al abismo pero le dice “recuerda Edipo que tú vives en el abismo”. Y esa frase a mi… Acá hay nada, debe haber siete átomos girando, nada más, no hay paredes no hay nada, no hay arriba, abajo. Yo soy un fantasma de la luz, nunca existí ¿Cómo voy a morir? Si nunca existí fui una película proyectada, una ilusión y un sueño del cual ¿quién me va a despertar? La vida es una ilusión siniestra, William Burroughs lo describe muy bien en “Expreso nova”, su mejor libro.

 

Castaneda habla a través de Juan de los peores enemigos: el miedo, la claridad, el poder, y uno que no se puede vencer: la vejez. La vejez es indomable, no la podés controlar. Además ya sos viejo cuando las mujeres veinte años menores que vos ya no te miran, especialmente cuando fuiste un mujeriego como yo. No mujeriego, enamoradizo. Había dos ilusiones que me mantenían en pie: el amor y el enamoramiento: ¡¡el enamoramiento!! Estar extraviado, estar flotando. Recuerdo una chica que conocí que le decía “besos flotadores”; la conocí en un bar, hablamos de poesía, no nos conocíamos, cuando llegamos a la puerta del bar me dijo “¿te puedo dar un beso antes de que lleguemos a la esquina?” y yo caminé temblando y me dio un beso que me hizo flotar a veinte centímetros del piso. Creo que debo haber recibido dos o tres besos así en la vida. Lou Reed tiene un tema sobre los besos.

 

Para hablar de la muerte puedo decir que estuve cerca: me pisó un auto en Bariloche y maldije que no me mató, porque hace mucho que me quiero morir. Pero no es tan fácil morirse, no es tan fácil como la gente cree. Los que se suicidan como Hemingway es porque ya están fritos. Ahora mismo, si me cortan las piernas, cosa de la que corro peligro, me suicido. Pero uno siempre está peleando, que es la gran trampa de la vida.

 

Lo que fue cambiando fue el sentido de existir para mí. Antes existía por la importancia de lo que hacía; Cerdos y peces, escribir, cantar, estar con el rock, en los escenarios. Estar en un escenario era como estar en un altar.

 

Pero ahora descubrí que al final lo mejor es estar con amigos, dar un beso, tener una conversación con alguien, porque lo demás es un espejo. Cuando yo era más chico decía que la humanidad es una gota de licor en un océano de mierda. Hay muy poca gente en la que me puedo reflejar.

 

Yo siempre diferencio comunión de comunicación. La comunión es porque comulgamos, porque nos tocamos, nos miramos. La comunicación es la muerte de la comunión. No nos tocamos: “te escuché por la radio, te leí”. Como decía una conferencia que vi de Borges sobre Spinoza: “es un ser admirable” dijo, pero se detuvo: “es preferible ser querido, porque la admiración es una degeneración perversa de la mirada”, el que te admira te odia, te va a destruir. Así que yo prefiero ser querido, en esa etapa estoy, a eso me empuja el miedo que me da la muerte. Pero he perdido soberbia, por eso me río de los que tienen 58 o 59 años, ya les va a llegar.

 

–¿Cómo ves la situación del periodismo hoy?

–Argentina es un país raro, cuando Lennon dijo “el sueño ha terminado” acá todavía no había empezado. Pero es un sueño no terminado porque el hombre necesita soñar, es hermoso soñar porque si no soñás lo que hay es una mierda: gente comiendo, gente cagando, gente trabajando, gente pensando y casándose por desesperación y muriendo sin saber lo que es el amor.

 

Fue una buena época la de Menem por la joda que había, había tanto libertinaje. Cromañón es un síntoma extraordinario de la necrofilia acumulada y del afán legislativo porque ya no te persigue la policía, te persiguen los inspectores de la municipalidad. Es un país que le gusta perseguir y perseguir, que los menores no beban, que nadie fume. ¡A mí me da un odio! Yo no sé por qué no me prendo un cigarrillo y lo mando a cagar al dueño de acá. Me dejé aplastar por la moral pastoril de este país.

 

Odio todas las drogas, pero los que fuman paco no son ningunos boludos, no tienen ningún sueño en la vida, un pibe de Soldati qué va a ser en la vida… ¿presidente de un club?

 

–Antes decías que no querías cambiar el mundo, que no lo hacías para eso, pero el tipo de periodismo que hacés busca poner en un lugar jodido al poder instituido.

–En algún momento hicimos una marcha contra el papa que salió por todo el mundo, yo le pegué un piedrazo en la cabeza a un policía (que fue la única vez que pegué yo y no me pegaron los canas) pero nunca lo valoré, no sé qué me pasó, yo soy un anarquista individualista, una mierda, bah. Lo mejor que puede ser uno en la vida es ser enfermero, héroe es quien salva una vida, no quien la quita. Héroe era Hemingway en la guerra, en “Adiós las armas” era un enfermero, conductor de ambulancias, salvar el perro de alguien, darle 200 pesos a un mendigo. Como decía Eric Fromm “el único enemigo del amor es la búsqueda de seguridad” y en una sociedad como esta que está pidiendo seguridad, que le está declarando la guerra al amor nos van a matar por un par de zapatillas y va a estar bien. A mí me han robado, a punta de pistola, mis zapatillas y el tipo tenía razón porque yo tenía zapatillas y él no.

 

–¿Si yo te doy la plata para hacerla, harías la misma revista, volverías a repetir el perfil de Cerdos y peces?

–No, si Cerdos y peces ahora sería una revista terrorista, estaría a favor del asesinato de judíos en Francia. Porque hay un terrorismo delincuencial, los delincuentes también son terroristas, ¿en qué sentido? Yo conocí a un viejo ladrón marplatense que vino a robar estando ya de vuelta, entraron a robar con un pendejo a un contador. Entraron y el tipo no tenía la guita y el pendejo le pegó un tiro. Cuando se escapaban el viejo le preguntó “¿por qué lo mataste?”, “porque algo me tenía que llevar”.

 

Haría una revista proyectiva, profética. Estamos en el peor momento de la historia del país, con la mediocrización de la moral pública: está todo el mundo con su moto, su computadora, su kilo de lechón y su SUBE… le va mal o bien pero no hay una ambición. Mi papá era anarquista, me decía que el fraude de Perón fue convertir a los guerreros revolucionarios en mendigos sindicales, y es un poco cierto. Yo vivo en un barrio de pobres, y ellos están conformes, hasta contentos. El kirchnerismo ha logrado algo que ni el peronismo: el fenómeno 678 o mejor dicho el sistema de intelectuales, artistas, escritores, actores que se pusieron del lado del gobierno. El estado y el arte son enemigos, los artistas sufrimos el estado, el estado y el arte no pueden estar más que en materias paralelas, son como el culo y el Uranio.

 

–Si uno lee y te escucha termina pensando “este mundo es una mierda, está mal armado”.

–No, pará, pará, no seas tan bruto. Yo odio la vida, la odio a la vida. La existencia es maravillosa. Pero como digo en una canción “el primer pez, cuando tuvo hambre se convirtió en asesino”. El hecho de tener que comer te convierte en una mierda. Además cuál es la definición de un miserable que da Nietzsche, tres conceptos: Un hedonista, quiere placer; atesorativo, quiere acumular los mecanismos que le dan placer; depredador, se los roba a los demás. Y eso es lo que somos todos, por eso existen los celos y la envidia, que como dijo Freud son las dos grandes enfermedades de la vida: el que tiene algo se lo quiere comer él y no quiere que se lo coja nadie y el otro que no puede coger bien se lo quiere comer. Nosotros somos un mamífero depredador sin destino. Nos comemos todo, nos comeríamos la tierra si pudiéramos.

–Y que es lo que nos tiene que salvar del holocausto. Así planteado el exterminio sería una bendición.

–Los cachorros. Yo amo a los niños. Las últimas películas que fui a ver fueron los Muppets, Arvin y las ardillas en Bariloche, llevo a todos los niños de un barrio y pago las entradas como un boludo.

 

No creo en el bien, es más, he alargado las dos palabras, el bien y el mal. El bien se convierte en bienes, los que tienen los bienes. El bien estar y el mal estar. Es al revés, no es ser bueno o malo, sino cuán generoso sos. Y generoso viene de género, de gen, de los genes; en el tejido del cuerpo humano ¿por qué existe el cáncer? Porque hay una célula que es traicionera, traiciona a los demás porque ha sido engañada, ha sido desamada.

 

Yo creo en la venganza, no en la justicia: una vez entrevisté a Ronald Biggs, el asaltante del tren correo. Estaba con un porro enorme en un bar y me dice: “si alguien mata a mi perro yo le mato al hijo, si matan a mi hijo yo le mato a la familia y si matan a mi familia yo mato a todo el barrio porque no es ojo por ojo, es más” Yo creo en la venganza, no creo en la justicia, no me parece que haya que pedirle a un señor… no me parece que la cárcel sea justa, me parece un castigo… Como dice Dostoievski: “es peor que la del asesino, porque el asesino mató impulsado por un sentimiento, en cambio la pena o el encierro lo castiga al hombre en nombre de una cosa fría, que es la justicia”

 

Y sobre todo creo en los asaltantes, no es la reacción que uno tendría, pero los comprendo. No comprendo a los intelectuales ni a los burgueses afortunados que pueden estudiar, como nosotros. Nos agarramos a las fisuras del sistema para sobrevivir. Pero la única medida que tenemos es el cómo sobrevivimos.

 

–Para decirlo simple, ¿por qué le creemos más al que tildan de marginal que al que tiene las cuatro comidas?

–Hay que diferenciar entre marginados y marginales. Marginal es el que elige: comparar a Rimbaud con un chico de la calle es un disparate. A mí me dan tristeza los chicos de la calle. Yo vivía a la vuelta de Cromañón, cuando llegó el invierno llegaron los nuevos pobres a la plaza once, ¡familias enteras! Vos veías las caras de las mujeres que habían tenido una choza antes y ahora solo un colchón que iban a ser putas dentro de poco y lo sabían. ¿Y a quién odias? No sirven para nada las palabras, hay que volver a Artaud: “El único camino son las bombas”. Hay que matarlos, hay que poner francotiradores, hay que empezar a matar blancos, matar a todos los rockeros. ¿Quién está ayudando a alguien? León Gieco o Darín o quién sea, no están haciendo nada, están haciendo su pequeño VIP de autocomplacencia; hay un narcisismo de creer que están haciendo algo por alguien. Y sobre todo lo que viene del patriotismo: país es una noción geográfica delimitada, nación es una noción política, patria como dijo Raúl Ruiz, el director de cine chileno, es un invento del fascismo, no existe la patria: un tipo que no es capaz de matar al perro del vecino tira una bomba y mata a cien desconocidos, ¿qué locura es esa?

–¿Y en qué momento sos optimista?

–Muy pocas veces, con respecto al país y su destino, muy pocas veces. Con respecto a mis empresas me quedo sorprendido con los resultados porque nunca soy optimista. El optimismo es una esperanza de la burguesía, de la clase media.

 

 

EXTRA, EXTRA

 

–Un grito amarillo, en otro color… Blanco.

–La cocaína te lleva a un egocentrismo y un narcisismo autoconvincente y depredador, no te das cuenta de que estás haciendo daño a los seres queridos. Lo que tiene de bueno la cocaína es que te hace meter la pata, destruís posibilidades, mandás a la puta que lo parió al trabajo asalariado y haces cosas que hay que hacer en la vida, porque el mundo es un pacto siniestro.

–Negro.

–No creo en mí, soy muy duro para juzgarme. Una cosa que aprendí de Henry Miller, cuando me decidí a escribir es que en “Pimavera negra” hay un escritor que se acerca, le pide ayuda y él le da un solo consejo: “escribí lo que más te da vergüenza, escribí de lo peor de vos, así vas a poder hablar mal de los demás” Y es lo que hice: hablé tan mal de mí en mis libros, porque me parece que es lo mejor que uno puede hacer, lo más sano. A mí me han condenado a ser un autor autobiográfico y Nietzsche decía que el único camino a la narrativa verdadera es la autobiografía, pero la autobiografía no es contar la verdad.

–Vos decías: “estoy condenado a repetirme”, ¿cómo continuar después de Big Bad city?

–Tengo una novela, “Adiós muchachos”, y no la puedo terminar porque me enteré que me voy a morir. “Adiós muchachos” es la parte final de “El señor de los venenos” y “Big bad city” y no lo puedo escribir…

–¿Porque si lo terminás no tenés excusa para seguir?

–No, no me dan ganas de sentarme en la computadora, odio la computadora.

–Azul…
Me hubiese gustado hacer una película. Me hubiese gustado haber estado en la muerte de mis padres. De hecho me llamaron para que vaya y yo evité asistir a su muerte. Mi mamá murió en la cama y mi papá murió con una pistola en la mano, porque estaba loco (yo heredé esa pistola), en una plaza enfrentando a la policía, porque pensaba que lo estaban acusando de la muerte de mi mamá. Tenía ochenta y seis años.

 

*Adriana Cruz, quien confesó a la televisión haber asesinado a su hijo de 6 años para vengarse de su ex marido.

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