Historias sin punto final
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#9 · Bello muere el cisne

Por Ornella Sersale

Ilustración Caio Neiva

 

Sí, estaba viendo bien. Natalie Portman se estaba haciendo una paja. Se tocaba boca abajo en la cama y se escondía para que su mamá no la viera. Sentía vergüenza. A vos te falta una pija, Natalie. Yo también sentía vergüenza. ¿Entonces las mujeres también se tocaban?

 

La primera vez que vi ‘El cisne negro’ tenía 15 años. Me acuerdo de que terminó la película y me encerré en mi cuarto a pensar. A esa edad, de lo más íntimo que hablaba con mis amigas era de menstruación y ni siquiera la llamábamos por su nombre. Decíamos “me vino”, “estoy indispuesta”, “llegó Andrés”. Ahora fijate si me manché la pollera. Hablábamos en código y nos parecía divertido. Lo más difícil era salir al baño en hora de clase para cambiarnos la toallita. La puta madre, boluda, no entra en el bolsillo. Escondela en la manga del buzo. Dale, ahora que no te ven.

 

Los pibes, mientras, miraban porno adelante nuestro y nos contaban que Nacho se había hecho una paja en la casa de Luis. Waska, leche, queso por todos lados. Pero a nosotras nadie nos enseñaba qué era tocarnos, qué era el placer. Ni siquiera en las clases de educación sexual se hablaba del tema.

 

Una vez, antes de pasar a secundaria, mi colegio organizó una charla para hablar sobre salud y adolescencia. Era en un aula especial y nos dividieron entre varones y mujeres. Evidentemente, no nos iban a hablar de lo mismo. A las chicas nos regalaron estuches azules con calendarios, protectores y toallitas que corrimos a esconder en la mochila. Ellos, en cambio, salieron con forros en la mano y los inflaron en el recreo. Los globitos del amor volaron por el aire y la cara de la directora no me la olvido más.

 

Somos lo que aprendemos y a las mujeres nos enseñaron que el goce es secreto y la masturbación un tabú. No se miren, no se toquen ni pregunten, porque libres no, libres ellos los que pueden. ¿Pero quién nos prohíbe el placer? ¿Por qué nos prohíben el placer?

 

La mujer que se conoce, decide. Y la mujer que decide, es peligrosa. Somos cuerpo y deseo y sin embargo la vergüenza, el goce encorsetado, el traje de bailarina. Natalie que no acaba y el cisne blanco que muere.

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