Historias sin punto final
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#11 · El cuestionario del secreto

Por Clara Spina

Ph. Aireándome

 

 

Creo que estoy llena de secretos.

 

Los que les cuento a los demás y los que me guardo para mí misma.

 

Hoy leí una nota en la que publicaban que las personas que son solitarias son más inteligentes.

 

Aparentemente, relacionan de forma directa el hecho de poder estar horas y horas con uno mismo, no haciendo más que crear, proyectar, expresar, y bastarle a uno compartirlo con uno mismo.

 

Leí la nota y sentí que con muchas cuestiones me identificaba.

 

Es un secreto el hecho de que me encanta estar sola. No me siento tan cómoda con nadie más que conmigo misma. Vayamos al detalle: me atrae la idea de conquistarme, de envolverme, de seducirme hasta la médula.

 

Me interesan cosas nuevas que no sabía, me sorprendo a mí misma con continuidad.

 

Y no necesito compartirlo con nadie más.

 

Y no ne-ce-si-to compartirlo con na-die más.

 

¿Saben qué hice?

 

Un cuestionario. Con muchas preguntas, comunes y no tanto. Para llenarme de información, de palabras ajenas, de ideas extrañas provenientes de otras mentes.

 

Y se lo envié a todos los conocidos que pudieran resolverlo. Es algo como el presentimiento: iba mirando sus nombres en mi agenda y automáticamente podía elegir quiénes estaban aptos para completarlo o no.

 

Espero que no me malinterpreten. Todos pueden.

 

Sin embargo, no todos pueden…

escuchar quince veces la palabra secreto en sus cabezas.

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La gente responde de manera extraña a las preguntas que uno le hace. Hay quienes optan por ser misteriosos, extraños, desopilantes; y están quienes son concretos y objetivos.

 

Es un secreto que me fascine la gente desopilante.

 

No me animo a decirles a los demás que a veces pecan de aburridos.

 

De cómodos.

 

De estructurados.

 

Como les decía, necesité abastecerme de ideas ajenas para poder comprender qué son los secretos. Y observé que lo que más importa es nuestra relación con los secretos, más que el secreto en sí. Es mucho más interesante analizar el momento en el que alguien te cuenta un secreto, porque necesita hacerlo, quitárselo de encima, ese peso gigante que venía ahogándole las narices y la garganta.

 

Y te lo escupe.

 

“–¿Has visto cómo se escribe? S-e-c-r-e-t-o.
–Sí. Parece escupida
”.

 

Hice una pregunta gigante y la lancé al aire, esperando que el viento dispersara mis palabras y las hiciera llegar a los oídos de las personas que pudieran contestarla.

 

“–¿Quieres contarme un secreto ahorita aquí escrito? No se lo diré a nadie.

–Prefiero que no.

–Me enamoré y jamás pude decirlo y se me rompió el corazón cuando esa persona comenzó a estar con otra.


Ese mismo día me dije: no pienso volver a guardarme sentimientos así.

 

Prefiero arriesgar y perder antes que volver a sentir mi corazón estrujarse.

 

Suelo sentir mucho miedo, siempre…

 

Mi mayor deseo en la vida es poder ser yo, y ser fiel a lo que sienta en el aquí y ahora. Con las cosas que surjan y sus personas. Quiero ser la mejor versión de mí.

 

–Cuando estoy sola me gusta mirarme al espejo y actuar. En inglés, no sé bien por qué. Hay veces que siento que las palabras salen mejor en un idioma que no me es tan familiar, como si estuvieran menos cargadas de aquello que me pertenece. De todas maneras cada vez lo hago menos. No recuerdo la última vez que lo hice. Pero es un momento mío, de misterio”.

 

Hay un rol muy importante en la vida de las personas que se denomina como “guardián de secretos”. No todo el mundo puede hacerlo. Se necesita de un par de características personales que te permitan realizar esa labor.

 

Se nace con ello, o se construye con el tiempo. Sin embargo, creo fehacientemente en que se necesita de un don especial.

 

O unas ganas increíbles de coleccionar historias, y tener el poder de no contárselas a nadie.

 

–¿Cómo te sientes cuando te piden que guardes un secreto?
–Antes me sentía especial, pero le perdí el gusto, más si es un secreto muy pesado. Me siento acorralada, con una carga arriba, ya que no lo quería y me lo contaron; siento que ahora tengo que ser fiel y servir de descarga a esa persona.

–Al principio me parecía que era mucha responsabilidad. Ahora lo tomo como algo normal. No me cuesta guardarlos.
–No me siento bien porque soy tan tonta que tengo miedo de que se me escapen. Siento cierta presión. No me gusta obligarme a pensar qué decir y qué no… me gusta dejar que salga todo de mí cuando quiera salir. Pero cuando se trata de un secreto debo esforzarme para sellarlo en un lugar interno donde no puede salir.

–Depende el secreto. A veces me siento halagada, porque te otorgan una responsabilidad, un compromiso. Es como si esa persona te nombrara guardián de algo que quiere cuidar. Y a veces siento que hay cosas que mejor no saberlas”.

 

Este es mi secreto.

 

Les presento a mi parte analítica y formal que constituye la mitad de mi esencia.

 

Es increíblemente aburrida.

 

Les conté que lo que más me fascina de las personas son sus ideas insólitas que provienen de sus universos paralelos. Sus perfectas maneras de no encajar en este mundo ordenado.

 

Quienes deciden animarse a vivir en lugares lejanos de sus familias y sus costumbres, para probarse y conocerse en situaciones extremas de soledad o relación con gente desconocida.

 

Quienes se animan a separarse de la persona que por muchos años potenció la construcción de un yo propio que era menos propio que su propia cama. Su propia alma. Su propia respiración.

 

Quienes tienen la necesidad profunda de crear y continuar creyendo en el arte, en las emociones y en las percepciones distintas de la realidad. Pues no pueden absorber el alrededor sin colores, sonidos y sentimientos que destrocen las paredes, los escritorios de trabajo y los principios estipulados antaño por personas que no viven más en el hoy.

 

(Susurro)

–Sin embargo, en el camino de lo analítico y lo formal, me encontré con mentes similares que destruyen lo estructurado para brindarle a la vida el toque distinguido de las emociones.

 

“–¿Tienes secretos contigo mismo?
–Diría que sí, aunque no puedo pensar en nada en concreto en este momento. Pero creo que los secretos son como misterios, cosas por descubrir, y hay lugares así en cada persona, lugares que tapamos, o que no somos conscientes de que los tenemos hasta que los descubrimos. Sí, tengo secretos conmigo misma. Todos nos auto engañamos permanentemente, es mejor dejarlo en claro.
–¿Guardás secretos por la casa anotados en papel?
– Sí. Pero creo que nada de forma totalmente literal. Seguro en el medio de alguna poesía, disfrazado de lo subjetivo, o en algún objeto que guarda historia, como una fotografía.

–¿Cuántos secretos te contaron a lo largo del día?
–Dos.
–¿Y a lo largo de la semana?
–Más de dos.
–¿Cómo te sientes cuando te piden que guardes un secreto?
–Depende el secreto. A veces me siento halagada, porque te otorgan una responsabilidad, un compromiso. Es como si esa persona te nombrara guardián de algo que quiere cuidar. Y a veces siento que hay cosas que mejor no saberlas.
–¿Alguna vez te detuviste a pensar de dónde viene la palabra secreto?
–No, la verdad no.
–¿Has visto cómo se escribe? S-e-c-r-e-t-o.
–Sí. Parece escupida.
–¿Te parece una palabra bonita?
–Sí, lo es. Es para que la susurren al oído”.

 

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