Historias sin punto final
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#7 · Márchate ahora

Por Tomás Schuliaquer

“Me voy de aquí sin ti, me voy lejos de ti
ya no quiero esperar que mi corazón
se quede llorando, se quede buscando
un poco de ti”.

Me voy de aquí, Los Tototra

 

Miro el celular, las doce y veinte, diez minutos antes, siempre tan puntual la puta madre. El edificio es lindo, moderno, con garaje, seguro pileta en el fondo. En el portero eléctrico tengo que tocar séptimo ele, llega hasta el once ve, hay una camarita, mejor me alejo hasta el cordón, lo peor quedar como un pelotudo que llega antes y no se anima a tocar el timbre. Mastico un chicle de menta, me siento en la puerta de la casa de al lado a esperar, la calle bastante vacía, pasa un auto muy rápido, al rato otro pero más lento, y veo que adentro hay tres pibes, tranquilos, fumando un porro, van al bar a tomar una birra entre amigos. Un perro salchicha paseado por un viejo me huele las zapatillas, le sonrío al principio, a los cinco segundos ya quiero que se vaya, mantengo la sonrisa, hasta que por suerte se va, el viejo puto ése está tranquilo, pasea el perro y después se toma una copa de vino y se va a dormir, sin riesgo. Ya son y media, me levanto, voy a tocar el timbre, séptimo ele, el celular dice doce treinta, demasiado puntual, al pedo ser tan puntual, y vuelvo a sentarme. Escupo el chicle, que no llega al cordón, justo cuando vuelve el salchicha con el viejo, y empieza a chupar el chicle. El viejo me mira, me hago el boludo, seguro estaba de antes, pienso decirle, pero me paro a tocar el timbre, séptimo ele. Ahí bajo profe, me responde ella sin preguntar nada, y yo elongo las piernas pero solo unos segundos, porque me doy cuenta de que si me ve en esa posición, inclinado intentando tocarme la punta de los pies, va a pensar que soy un boludo.

 

Se prende la luz del ascensor, me sacudo las manos contra los muslos, vamos carajo, ponga huevo. Aparece ella, camina hasta la puerta, el pelo suelto, una musculosa negra, pollera verde, los tacos más altos que vi. Hola le digo, le doy un beso en el cachete, y me pregunta cómo va profe, le digo bien, entro al ascensor y hay un gato, la miro a ella, no te preocupes es Clari dice, siempre bajo con ella pero la muy cagona no se anima a salir del ascensor. Sonríe, sube, sonrío, subo.

 

Le pregunto cuánto tiene, me dice tres años, me pregunta si no es hermosa, le digo que no soy muy fanático de los gatos, me pregunta si les tengo miedo, pienso que no le voy a explicar así que sonrío, tiene miedo el profe tiene miedo canta y me empuja, después se ríe. Bajamos del ascensor, se escucha cumbia a un volumen muy alto, a medida que nos acercamos a la puerta ele la música se escucha más fuerte, hasta que abre la puerta no me doy cuenta de que la música venía de su casa. Me dice que me siente en la cocina, me pregunta si tomo vino, le digo que sí. El vino está abierto, menos mal porque sacar un corcho nervioso siempre puede ser un riesgo, o se me rompe el corcho a la mitad, o el sacacorchos no baja, o cuando lo saco me vuelco parte del vino, pero no, está abierto y ella me sirve una copa, dice chin chin con la que ella ya tenía servida pero no brindamos. Le pregunto en qué andaba, me dice que justo recién recién llega de un cumpleaños, le pregunto hace cuánto, me dice cinco minutos, que por eso está medio borracha, pienso que estuve en la puerta durante veinte minutos y ella no entró pero no digo nada. Le pregunto de quién era el cumple, me dice que de una amiga en un bar en Palermo, que tomó tequila, vodka y séptimo regimiento. Cómo está el profe me pregunta, yo le digo bien y cómo anda la alumna le pregunto y sonrío, ella balbucea, me esfuerzo para entender, creo que dijo que muy bien, algo así. Me dice si quiero cambiar la música, le digo que no y pregunto qué estamos escuchando, grita que cómo no conozco a Los Totora, que son lo más, que los sigue desde siempre, que siempre lo baila con las amigas, que no hay fiesta sin Totora y no hay Totora sin fiesta, repite que los sigue desde siempre, y más cosas que ya no entiendo. Hay unos segundos de silencio y ella canta la letra, yo tomo un trago y rápido le pregunto cuántos cumplía la amiga y me dice que veintisiete como ella, me pregunta algo, le digo qué, me pregunta la edad y le digo que veintidós, qué profesor pendejo dice, sonrío y termino el vino. Me sirvo más, cómo escabia el profe me dice, se para, sale de la cocina, casi tropieza con esos tacos altísimos, y yo me quedo mirando la heladera llena de imanes de delivery, uno de una pescadería que se llama la mojarrita de Oscar y me da risa, a un costado del frizer, arriba del secaplatos vacío, hay un reloj de pared rojo con números negros, pero el rojo es tan oscuro que no alcanzo a ver la hora, no sé si siempre fue así o es muy viejo, quizás el color negro se gastó por el uso. Al rato vuelve, me dice que ponga la música que quiera, le digo que me da igual, que está bien esto, insiste que dale, que cambie, así está bien, termino la conversación. Me pregunta algo y yo le digo qué, que si me gustan Las Pelotas, le digo no, me pregunta por Los Redondos, le digo sí, poné Los Redondos dice, me levanto, abro la compu y veo que tiene abierta una página que se llama www.odiolasmascotas.com, y tengo miedo de que ella me vea, entonces pongo rápido unos temas de Los Redondos, y cuando me doy vuelta sonríe con dientes violetas.

 

Le pregunto si alquila, que es muy lindo el departamento, me dice que hace cuatro años lo alquila, antes vivía en otro con el hermano menor, le digo que está bueno y que la zona es muy tranquila, me dice que sí. Le pregunto de qué labura, me cuenta que es secretaria en un estudio de abogacía, le digo que mi hermano más grande es abogado penal, dice que odia a los abogados, que hace seis años labura ahí y ya no los soporta, le pregunto si estudia o estudió, me dice algo que no entiendo, le pregunto qué, me dice que es periodista, va a la computadora y pone Los Totora, y se queda un rato en la compu, seguro viendo cómo matar a su gato, y pienso que si me propone matarlo le voy a decir que no.

 

Termino la segunda copa de vino, agarro la botella para servir más pero está vacía, le pregunto si tiene otra cosa para tomar, me dice, otra vez, cómo escabia el profe, saca otro vino. Aprieta con un brazo la botella contra el cuerpo, con la otra mano mete el sacacorchos, se muerde la lengua, tarda dos minutos en poder ponerlo, hace fuerza para sacarlo, rompe el corcho a la mitad. Agarra un tenedor, con la punta del mango mete el corcho para adentro de la botella, bua dice, yo le pregunto qué, voilá dice, sirve las dos copas, chin chin. Ella toma más de media copa, cuando me mira dejo de mirarla, me siento, tomo un trago, ella se sienta, apoya la copa, dice rico el vino, no digo nada.

 

Me pregunta hace cuánto que doy clases, le cuento que un año, que estoy en el profesorado de Educación Física y que lo del fútbol femenino es medio una changa, me pregunta si juego bien, le digo que sí, que soy goleador, pero tampoco crack, debés ser buenísimo dice, me toca el hombro, me acerco, le doy un beso. Ella dice que el profe besa bien, le meto la lengua hasta el fondo, la agarro fuerte del pelo, acerco la silla, me siento al lado. Ella dice mish mish mish, viene el gato, le hace mimos, me dice que el gato en realidad no es de ella, lo está cuidando porque es del hermano que para festejar los veintiocho se fue de viaje una semana a Uruguay con la novia, pienso que pobre el hermano, que va a volver y va a tener al gato muerto. Le pregunto cuántos hermanos tiene, me dice que uno, ah le digo, le pregunto dónde está la hija, me cuenta que con el padre, le pregunto en voz baja si de verdad existe, ella pregunta qué, yo no digo nada pero  seguro tiene una página www.odioamihija.com.

 

Se apaga la música, dice que va a poner más, le digo en chiste no pongas Los Totora eh, se ríe, se levanta, tropieza, se sostiene de la mesada de la cocina. Pone Los Totora, me dice bailemos, me quedo sentado, el gato está al lado de mi silla, me mira y maúlla, por un rato le mantengo la mirada, tiene los ojos naranjas, una pupila negra fina, como una abertura, y conectamos: él me quiere decir algo, quiere irse, y yo le guiño el ojo y pienso que lo voy a ayudar, que podemos irnos juntos. Ella insiste con que bailemos, yo sigo quieto, ella baila, me agarra de la mano, me paro, le hago dar una vuelta, tropieza de nuevo, nos volvemos a mirar con el gato y me estira la patita, pide auxilio, le quiero pedir perdón, contarle que estoy en la misma y que me quiero salvar yo, que a él ya lo va a rescatar su dueño, entonces le doy la mano a ella, la pongo contra la mesada de la cocina, le como la boca mientras le agarro las tetas, zarpadito el profe dice, yo le digo que es mi alumna así que silencio. Le saco la musculosa, le chupo las tetas, me saca la remera, vayamos al cuarto dice, y me da la mano y yo miro por la espalda al gato, que se queda en la cocina, y pienso que esto lo hago por los dos.

 

Se me tira encima, qué le hago profe dice, le digo que se saque todo, que me la chupe. Ella se desviste, me chupa la pija. Nada mal. Me dice qué rica la pija del profe y algo más, qué, le pregunto, agarrá un forro de la mesa de luz dice, agarro uno, ella se levanta, sale de la habitación. Las luces apagadas, me quedo solo, escucho el maullido del gato que sube a la cama, salgo del cuarto, ella está inclinada hacia abajo, los codos apoyados en el escritorio usando la computadora, pone Los Totora, en esa posición las tetas le cuelgan, tienen la forma de un tubo de desodorante. Antes de que me vea vuelvo al cuarto y el gato está en la cama, yo me quedo parado al lado de la puerta, ella viene, me empuja, caemos en la cama, se sube a mi pija, le digo que me tengo que poner el forro, me dice que cómo que todavía no me lo puse, no digo nada, me lo pongo, y veo al gato salir rápido por la puerta.

 

Me la cojo en cuatro, qué fuerte que me coge el profe dice, yo le digo que se quede quietita, que no hable más. Ella gime, la quiero toda dice, le pregunto en dónde, en la boca profe dice. Estoy por acabar, me saco el forro, le digo vení, me pregunta qué, le digo que le voy a dar toda la leche en la boca. Me dice que no, que ella se refería a otra cosa, que me ponga un forro, se levanta, se va, pienso pobre gato, vuelven a sonar Los Totora, se había acabado la música.

 

Aparece otra vez en el cuarto, cómo me va a coger el profe pregunta, le digo que se la quiero chupar. Ella dice que no, entonces le digo que se ponga de costado, qué malo es el profe dice, se pone de costado. Gime de nuevo, me dice que la quiere toda en la boca, que la quiere toda ya en la boca, estoy por acabar, me saco el forro, le digo vení, me dice que no se refería a eso, le agarro de la nuca, le acabo todo en la boca. Ella escupe en el piso, profe malo dice, me acuesto, ella también, me hace caricias, se va. Pone más de Los Totora, vuelve, me empieza a hacer una paja, me dice que agarre otro forro, le digo que espere, que pasaron dos minutos, el profe puede todo, dice, sonríe, le digo que no, cierro los ojos y pienso que quisiera estar sólo y que el gato se la coja a ella, o ser un gato y no tener que estar más acostado con ella, poder estar solo.

 

Al rato me despierto, la habitación está oscura, no hay música, manoteo el celular, prendo la linterna. Ella duerme con los ojos y la boca abierta, ronca fuerte, me levanto, me pongo la ropa. Lau, le digo, ella no reacciona, Lau, subo un poco la voz, ella nada, Lau, grito, la agarro del brazo, Lau, grito dos veces, la empujo fuerte, ella hace un último ronquido, entre asustada y dormida, pregunta qué. Abrime que me voy le digo, ella pregunta ¿eh?, yo le digo me voy, dormí dice, yo le digo no, bueno, dice. Se cubre con el acolchado animal print, me dice vamos, le digo que se cambie para bajar en el ascensor, ella dice que no pasa nada, con la colcha es suficiente, le digo que no, me dice que no importa, que a esta hora no hay nadie, le digo que se cambie, me dice ufa, se pone una remera, un short, y me dice pará que agarro a Clari, empieza a decir mish mish mish y el gato no aparece. Entonces voy al balcón, porque yo también estaría ahí, el lugar más alejado, tranquilo, y el gato duerme tirado. Lo agarro a upa y le digo acá está, yo lo bajo. Bajamos en el ascensor sin hablar, me abre la puerta, me dice chau hermoso hablamos, le digo nos vemos.

 

Cuando viene un taxi quiero pararlo, levanto el brazo y me doy cuenta de que tengo el gato a upa. Nos miramos, el ojo de un naranja fuego, la pupila negra ahora redonda y más grande, como un reloj de pulsera o más, un reloj de pared. Otra vez conectamos, nos miramos fijo un segundo, dos horas, un año.

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