Historias sin punto final
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#8 · Todo lo que dije era cierto

Por Clara Spina

Ph FA Fotos

 

 

Anoche tuve una conversación sobre sexo con mi novio.

 

Era tarde y hacía un poco de calor. Estábamos tirados en la cama doble mirando al techo, él con la cabeza hacia un lado y yo hacia el otro.

 

Supongo que habrá sido la poca ropa que yo llevaba lo que me hizo pensar automáticamente en el tema abordado. Comencé a recordar en voz alta mi primera vez, y la primera vez que había hecho sexo oral, que me habían hecho sexo oral; si me había gustado, si realmente recordaba qué carajo había pasado por mi cabeza en ese momento.

 

Él me escuchaba y asentía con la cabeza. Yo no lo veía, pero por cómo cambiaba la densidad y el peso del aire en la habitación, me daba cuenta de lo que hacía: asentía. Como asiente alguien que mientras escucha se va hacia sus propios mares internos, cavando en lo más profundo de la memoria para recordar su piel, su excitación y su primera vez.

 

Si decidiera ser fiel y real a los hechos que verdaderamente acontecieron aquella velada, sería por demás aburrida, simplona y normal.

 

Me genera atracción obsesiva saber que a través de mis palabras escritas puedo modificar el curso de mi vida. De las situaciones y momentos que se entrecruzan conmigo.

 

Podría crear una realidad distinta y paralela cada quince minutos.

 

Pero lamentablemente, esto sucedió.

 

Los días pasaron y el revoloteo mental de las ideas abstractas y no tanto en mi mente se hicieron verídicas cuando me desconecté. Me desconecté de él y del sexo.

 

De la mar de conjeturas erróneas que me perseguían.

 

Hubo un parate en mi fuero interno que me hizo desear absolutamente nada. Más nada.

La piel y todo ese sentido y sistema sensorial pasaba a mi lado. Yo ignorando el todo.

Yo ignorándolo a él.

 

Me quiso tomar por los codos, las sienes, las vísceras del mar turbulento y me convirtió en alguien que amaba y deseaba sin permitirme verdaderamente sentirlo.

 

Era una autómata del amor.

 

Me quería hacer entender que yo aún estaba allí dentro, encerrada entre todos esos músculos, órganos y paredes. Paredes creadas por mi inconsciente, como un gran mecanismo de defensa.

 

La última noche que me vaciaron por dentro, fue cuando él me rescató. Me llenó de preguntas a través de su mirada, me tocó las piernas y la panza; me contó cuánto me deseaba, cuánto deseaba hacerme el amor y que yo, de alguna manera, despertara.

 

Anoche tuve una conversación sobre sexo con mi novio.

 

Nos contamos secretos y desastres ocurridos en camas, autos, pisos, escaleras y ascensores. Situaciones ajenas con extraños, situaciones cotidianas con conocidos, la mezcla de ambos factores que alteraban los productos. Los dolores de rodillas en las escaleras y el piso; el PARAR en el ascensor; el ruido del resorte en las camas viejas.

 

Pretendíamos decir la verdad, y las ocurrencias nos corrían queriendo alcanzarnos.

 

Todo lo que dije era cierto.

 

Está bien, menos lo del ascensor.

 

Eso es algo que todavía quiero hacer.

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