Historias sin punto final
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#9 · Casas tomadas I

Por Julián Marini
Ilustración Mariana Betancur Cuartas

Llega el verano. Se van de vacaciones. Yo no. Yo me quedo. Entonces, me dejan sus casas. Las cuido. Riego, alimento mascotas, ahuyento maleantes. Las dueñas, mis novias. Todas juntas no.

 

Una a la vez. Más, no soportaría. No tengo la fuerza. Sólo una por verano.

 

Al principio soy cuidadoso, soy gentil. Admito, me comporto como uno que no soy. Atildado, ordenado. Uso y lavo. Saco y acomodo. Lavo y seco. Bien discreto, no reviso, no investigo.

 

Elegante, mentiroso, pero elegante.

 

Al cabo de unos días, me siento más cómodo. Me manejo con cierto desparpajo. Sin llegar al descuido. Apenas, cierto desparpajo. Continúo mentiroso, menos elegante. Pero mentiroso.

 

Toco sin culpa. Uso con confianza. Me permito algunas licencias. Hoy saco, mañana lo acomodo.

 

Las primeras noches son complicadas. Necesito todas las luces prendidas. Necesito saber dónde estoy. Y en qué lugar cada cosa. No permitiría jamás que me encuentren muerto por bajar sin mirar. Por un yerro a un escalón. Por no saber sostenerme.

 

Cumplido un tiempo prudencial, ni tan mentiroso, ni tan elegante. Admito, me parezco bastante al que soy. Descuidado. Porfiado. Curioso. No soporto la tentación. Revuelvo, investigo, reviso. Me revuelco. Ensucio algunos rincones. Dejo algunas marcas.

 

Las noches ya me encuentran confianzudo. Bailo. Me desnudo. Canto. Me embriago. Me desplazo temerario, a oscuras. Tiro moonwalk en adilett’s sobre las cornisas. Vuelco, derramo. Mancho.

 

Sin querer, pero rompo. Incluso, por torpe, me dejo alguna cicatriz.

 

Un cristal roto, una mancha exagerada, me avisan. Debería haberme reprimido, un poco, quizás.

 

No ser tan… como soy. Desespero. Me avergüenzo. Me da culpa. Se darán cuenta de lo que hice. De quien soy. Entonces, me arremolino. Limpio como puedo. Reparo con lo que tengo. Cuento las  monedas. Tal vez, debo prometer un arreglo. Tal vez, debo pagar un especialista. Escondo el cadáver del perro, borro el historial. Parece que nada alcanza. Nada se puede solucionar. Metí la pata otra vez. Cruzo los dedos. Por ahí no es tan grave. Me hiperventilo. Intento calmarme. Bebo un poco de agua. Me dejo caer en la alfombra. Evalúo. Ya estuve aquí alguna vez. Tranquilo. Me acomodo en un sillón. Imposto la coreografía de un hombre seguro, superado, que todo tiene bajo control.

 

Entonces, ellas vuelven. Y sus casas, me dejan a sus dueñas. Las cuido. Riego, alimento, ahuyento maleantes. Comienzo otra vez. Elegante.

 

 

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