Historias sin punto final
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#15 · Una violación vergonzosa

Por Cristian Maluini
Ph. Gustavo Salamié

Una abuela muy abuela con un ojo vidrioso y mocho camina con su bastón muy despacio ayudada por una regordeta petisa con los anteojos subidos a la cabeza y bolsas en los hombros. De frente vienen los pibes: gorritas, musculosas, pantalones tres cuartos, zapatillas bien gordas, los golpetazos a los bombos, los cachetes inflados de soplar las trompetas.

–Ver a la gente movilizada es alentador.

Dice una treintañera rubia y dientona, sonriente, sin maquillaje.

Miles de personas repiten lemas de cabecera:

Memoria, Verdad y Justicia.

Otro Nunca Más rojo brota de la remera negra de un pelado cuarentón.

Es 24 de marzo de 2017: se cumplen 41 años del golpe de la última dictadura cívico-militar, cuando una horda salvaje continuó con su plan macabro al frente del estado argentino y persiguió, torturó y asesinó a estudiantes, trabajadores, militantes, intelectuales, artistas, montoneros y, como emblema, desechó a sus víctimas, las desapareció, les destripó su condición de muertos. Y también fue una burla diabólica a miles de familias, desgarradas por la desesperación insoportable, los peores temores, bruto sufrimiento.

Él arenga desde el camión, amplificado en los parlantes, muchos responden a los gritos:

–Treinta mil compañeros detenidos desaparecidos.
–Presentes.
–Treinta mil compañeros detenidos desaparecidos.
–Presentes.
–Ahora.
–Y siempre.
–Ahora
–Y siempre

Entro por Diagonal Norte y, como siempre, la calle está llena de basura: botellas, papeles, bolsas, latitas, vasos rotos; pintadas sobre el asfalto dicen Cero en cultura con letras blancas. Una fotógrafa vuelve hacia la 9 de Julio. Cero en cultura se repite varias veces, como los papeles, las botellas, las tapitas, las personas.

Hay carritos con bebés, nenas, madres, chicos, parejas de la mano, bicicletas, varios carteles muy por encima de las cabezas con los nombres de los desaparecidos.

Carlos tiene el bigote muy blanco, los brazos en jarra, los anteojos puestos, un escozor al recordar ese momento, incluso temblor en el cuerpo, la cámara de fotos colgada del cuello.

–Terminamos tarde una reunión y me enteré del golpe por la radio, en un bar. Estaba en un momento de transición entre el Movimiento Patria Socialista y el PRT, organización a la que ingresé dos días después del golpe.
–¿Y qué percibías?
–Miedo, mucha movilización. La dictadura vino precisamente a frenar todo ese proceso; en esa etapa ya había muertos, era un clima de caos, lo que no está mal: el caos es parte de la política.
–¿Te tocó estar preso o sufrir el acoso de los militares?
–No, por suerte no, tuve la suerte. Muchos de mis compañeros sí murieron o estuvieron presos.
–¿Que Macri hable de 8 mil desaparecidos o del curro de los derechos humanos qué te provoca?
–Lo que hace Macri es un espanto, que no llama la atención porque es su política; ellos vinieron para reconfigurar el país y a tender un manto de impunidad hacia toda la cuestión de derechos humanos. Provoca, él sabe que no son 8 mil; es una forma de avanzar hasta que lo dejemos.
–¿Con este tipo de marchas se puede contrarrestar o no se hacen eco?
–No se hacen eco porque no van a cambiar su política.

Donde hay un cartel con la E tachada de prohibido estacionar, estaciona el colectivo de La Garganta Poderosa con un cartel que dice 30 mil veces verdad y fotos impresas colgadas de una soga: Ignacio y Estela; Etchecolatz dirigió personalmente la masacre de Patricia Ambrosio y a mí me torturaron a su lado, pero si usted tiene dudas, señor, le puedo mostrar el pecho; que aparezcan con vida los detenidos desaparecidos; el país, nueva etapa, las juras de los ministros, la situación, el futuro; Videla Presidente; Gente y la actualidad; así titulaba Clarín; Euforia popular por la recuperación de las Malvinas; Videla asume el lunes la presidencia; a no asustarse que ya enfrentamos juntos una dictadura cívico militar religiosa, nada puede ser peor; los lápices siguen escribiendo.

Los militantes levantan campamento llevándose los trapos. Sobre una manta se rematan las últimas remeras. Otro turista mira extrañado. Dos murgueras corren apuradas. Un gordo de pantalones azules hasta los tobillos, gorra blanca y chomba muy apretada a su panza prominente vende globos: mickeys, bob esponjas, otros personajes.

El humo siempre se escapa.

–Me enorgullece que esta convocatoria sea tan grande, siempre es inmensa. Vengo a todas desde el secundario y ahora está mucho más politizada, están muy fuertes los partidos políticos. Sigue siendo la marcha de la memoria pero se convirtió en la seguidilla de las marchas docentes, no al ajuste, no a la entrega, no al endeudamiento. Parece que está por explotar pero está contenido.

Dice Germán, estudiante de Bellas Artes, 27 años; después se envalentona:

–El cartel de los diputados PRO que decía nunca más a los negocios con los derechos humanos es otra provocación. Se están yendo al carajo. Hasta quieren sacar las elecciones de medio término. Deslizan esas ideas porque saben que el apoyo de la gente disminuyó muchísimo. No sé si tienen ganas de reprimir porque se armaría un gran quilombo, pero están jugando con eso. No sé si es una jugada inteligente la de revolear piñas en el aire.

Para salvarlos, en veredas supuestamente contrarias, tantas veces las mismas, los peronistas intercalan manías implacables, un sacudón en la paz de Germán:

–El peronismo está muy enquistado con estructuras antiguas, jerarquías, gremialismo, tranza, arreglos, tires, manejos, intendencias: una bolsa de gatos que floreció a la primera de cambio, cuando un montón de saltimbanquis se cambiaron de lado. No me sorprende porque así es el peronismo. Y la izquierda nunca pudo tener un partido popular.

Los autos cruzan por Perón intentando no atropellar fotógrafos, gordos, pálidos y vinchas que van a paso de hombre, buscan los huecos, los pasillos entre auto y auto.

Una murga corta Maipú con el baile de las pibas y los flacos.

El trapo gigantesco sostenido por tres largos tubos altísimos y sogas tapa la plaza, megáfonos resuenan, hay remeras que dicen revolución, remeras con la cara de Charly García, la camiseta de Chacarita, la camiseta de París Saint German en un pibito de botines fosforescentes que patea latitas rapado a los costados, con cresta desde la frente hasta la nuca, la 11 de Di María.

Yo me pongo la camiseta, Juicio y Castigo a los responsables, otra de las consignas que más se lee.

A Ana María Martínez la emboscaron en la puerta de su casa de Villa de Mayo, en 1982, cuando estaba embarazada de tres meses y militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores. Unos chicos descubrieron un cuerpo semienterrado a la semana siguiente, en el Tigre. Quizás fueron once balas, pero nunca hubo autopsia.

Hoy la comisión de Familiares, Amigos y Compañeros de Ana María Martínez se hace presente en esta marcha para pelear por cárcel común a todos los genocidas. Porque no hubo dos demonios, sino una dictadura.

En la esquina de Rivadavia y Chacabuco, sentados sobre la vereda, descansan unos treinta militantes embanderados, engorrados. Al lado, mantas con enchufes, auriculares, estuches, tijeras, alicates, anteojos rayban truchos, carcasas de Boca y River brillantes, calculadoras, autitos hostwells para pistear.

Persistir es luchar, unirse desde abajo, organizarse combatiendo, dice Cien Fuegos.

Perpetua a Milani, dice la tinta indeleble.

Sobre Avenida de Mayo hay más chicles masticados, más brazos cruzados, más heladeras, más parrillas, más brasas, más choris y patys y cebollas y pedazos de carne, más suciedad, más botellas cortadas, más olor a porro, más señas, más símbolos, más carteles, más banderas, más encrucijadas, más masacre de Devoto, que el fuego deje de quemar, año 1978.

Las hojas verdes suben hasta los últimos balcones, desde donde miran señoras y abuelos.

El sol deja un halo blancuzco y celeste trepado a las terrazas de los edificios.

Los rastros del atardecer.

–Hay gente que no le da ni pelota a estas manifestaciones, que está mirando dibujitos animados; los medios de comunicación no están transmitiendo esto.

Se enoja Gustavo, enfático, firme, melenudo.

–¿Cómo se revierte ese desinterés?
–Hablando, haciendo política, no necesariamente partidaria. La docencia juega un papel en las personas que es clave. Hay un montón de lugares y canales para intentarlo: en las relaciones laborales, por ejemplo, preguntarles a tus compañeros si fueron a la marcha, y si no saben de qué marcha se trata contarles.

Las noticias se repiten, se reinventan, se salpican: si es noticia cada entrevero agitado por oficinistas del efecto viral, si es noticia cada vericueto sobre la vida de los políticos más populares, si es noticia el perro guardián que rescató a su amo de una avalancha de polvo en el sur de Indonesia, si es noticia la vieja pordiosera que lee destinos y adivina pasados, si es noticia saber qué les pasa a los hombres y mujeres que la televisión maquilla para hacer que parezcan lo que no son, si es noticia el chino prodigio que se destaca por sus habilidades matemáticas, si es noticia el chino que se suicidó en un páramo del imperio, si es noticia la declaración rutilante del futbolista de moda, si es noticia el derroche de papel picado, si es noticia el ñato que aguanta en la casa con camaritas dispuesto a llevarse la tajada más ambiciosa y si es noticia el ovni descubierto en los montes de Villa Carlos Paz, hay que mirar para otros lados, desentenderse de los símbolos compuestos por la santísima espectacularidad mediática.

–Cuando arrancó la dictadura tenía 16 años y no sabía lo que pasaba, me enteré con la caída, cuando se conoció masivamente el genocidio que había sufrido el pueblo argentino.

Dice Eusebio, mestizo muy transpirado, el pelo gris hasta el cuello, un diente partido, la voz ronca.

El periodismo es libre o es una farsa, le responde Rodolfo Walsh.

Antes de entrar en la plaza rebosan artesanos, collares, colgantes, pulseritas; después las multitudes se agolpan, se chocan, se camina más despacio, sobresalen cientos de cabezas, el tránsito va achicando sus posibilidades. Las birras y cocas se balancean en la cabeza del morocho de los pantalones tres cuartos, la chomba arrugada y sudada y las zapatillas desatadas, un pilón de billetes en la mano, el pelado, la carpeta y el diario debajo del brazo, el vasito al tope.

Un pasacalle muy largo implora: establecer en la constitución argentina la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios de producción. Está entre dos postes de luz en el primer cordón de la Plaza de Mayo, de frente al escenario, de frente a la Casa Rosada.

Pablo dice que no cree que pueda haber otro golpe militar.

–El PRO llegó a través de las redes sociales y el marketing, no necesitan a los militares.

Después dice que las bases están enloquecidas, que querrían cagar a piñas a los líderes sindicales.

Desde el escenario se amontonan reclamos altisonantes, atisbos de esperanzas: puras penas.

–Basta de persecución por razones sindicales y políticas a los trabajadores.
–Basta de represión.
–No a la represión de las luchas obreras.
–Basta de persecución a las organizaciones.
–Basta de represión y discriminación a los pueblos originarios y campesinos.
–Basta de desalojos
–Juicio y castigo a todos los responsables políticos y materiales de los asesinados por luchar en gobiernos constitucionales.
–Castigo a De la Rúa y a todos los responsables de los asesinatos del 19 y 20 de diciembre de 2001.
–Castigo a Duhalde y a todos los responsables políticos de la masacre de Avellaneda.
–Por las muertes de Carlos Fuentealba y Luciano Arruga.
–Por la muerte de Mariano Ferrerya.
–No a la criminalización de la pobreza.
–Basta de gatillo fácil.
–Basta de asesinatos, persecución, encarcelamiento y torturas a los jóvenes de los barrios.
–No a la precarización de las calles y las barriadas populares.
–Aparición con vida de los secuestrados y desparecidos por la trata de personas.
–Ni una menos, basta de femicidios.
–Justicia a los responsables de la causa Amia.
–Cárcel ya a todos los responsables políticos, empresariales y de la burocracia sindical por la masacre de Once.
–Castigo a todos los responsables de la masacre de Cromañón.

Y una última arenga, desbocada, con aplauso cerrado y persistente, el cierre a todo trapo:

–Esta plaza es del pueblo, por lo tanto decimos no al ajuste y la entrega, viva la lucha docente, todos somos docentes, basta de despidos y suspensiones, reincorporación ya, paritarias libres y sin techo.

Cantá, puto, agita una borracha: latita, pollera, musculosa, tacos, morral, buzo a los revoleos.

La noche recubre el rito de la retirada.

Con los treinta mil por la dignidad de los trabajadores, todos a la Plaza de Mayo, dice el cartel pegado en el container; el cartel electrónico indica que la zona está cerrada al tránsito.

El de rastas se entona con su pantalón guerrero y su remera de coca cola y su pulserita en el tobillo y su barba y sus cánticos; alrededor, la calma y la parsimonia de los que se van muy tranquilos, preparados para contarles a los otros lo importante que es estar.

Resuena de fondo el ladrido ricotero, y lo peor, la desgracia, la certeza de saber que ese perro es uno pero hay muchos, una jauría; que ellos, los que hoy sonríen tan campantes, son los perros, la jauría.

En Avenida de Mayo y Tacuarí está el semáforo en rojo y el pibe revisa su teléfono con la bandera argentina colgada en la espalda, el hombre con su corbata y su sobretodo, el nene con la gorrita y la señora con su bebé, dos mozos se van con sus delantales puestos. Un cartel dice “precaución: reducción zona de calzada”. Hay más basura y menos gente que come paty y toma birra y allá adelante, en la 9 de Julio, están los escolares, y atrás un taxi que arremete y me pasa y por todas partes papeles, latas, botellas, tapitas y en las veredas de las confiterías más presentes.

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