Historias sin punto final
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#25 · Si partir es no irse nunca

Por Sol Si
Ph. Dana Ogar

 

Me sumerjo en un pecho abriéndose y las palabras aparecen. Soy un momento de una imagen buscando ser contada. Vibrando, inmersa en el sonido.

 

El espacio, teñido de una armonía sutil, trasluce su trama de hilos finísimos, brillantes, suaves; su tejido rizomático. Y nosotros ahí: entre perdidos y enredados, entretejiéndonos.

 

No sabiendo cuándo empezó a pasar lo que ahora está pasando.

Las palabras crecen, se amontonan. Brotan por los ojos, circulan por las manos y fluyen en las bocas. Esbozan una danza improvisada y sincrónica, gotas que van arando senderos.

 

En delicada e intempestiva orquestación nos atraviesan. La lluvia nos ha inundado: ya la somos, ya nos es.

 

La madrugada chapotea en un acorde de agua cristalina e inevitable. Porque de vez en cuando el cielo descarga peso para que recordemos sentirnos.

 

El agua nunca está quieta. Siempre encuentra su pendiente para inaugurarse acequia, humilde y sencilla.

 

Pero todavía estamos reconociéndonos charcos que se expanden y funden sus cartografías. Emerge y se filtra por los poros el olor de la tierra fértil, que recibe lo que dejamos caer. Suelo que absorbe y drena, matriz en la que se sumergen las raíces de los lagos.

 

De este lago, de esta postal.

 

La veo: todos los momentos de todas las imágenes que nos siguen lloviendo coinciden en el cuerpo de este lago-encuentro. Gotas suspendidas, traslúcidas, caleidoscópicas, se expanden tibiamente. Un curso continuo y sinuoso fugándose hacia la profundidad.

 

Empezamos a intuir la simultaneidad de pulsos acuáticos. La espontaneidad vital de la inmensidad.

 

Murmullo informe. Anunciación alborotada. Navegación intuitiva. Insinuación atractiva. Foco permeable.

Clímax.

 

Disolución.

 

Vaporosa.

 

Vuelvo a las palabras para contar los puntos del tejido, rebobinando la lluvia. Buceo en la inundación.

 

Recuerdo que me dijiste que el mar te emociona. Será por ese exceso del que nos contagia que mientras me lo decías asomaba un marcito en tu gesto.

 

Será en la bruma irradiada que nos repliega el tiempo

 

Si todavía nos atraviesa la natación lectora de las gotas que se amontonan en el charco, es porque confiamos en nuestra incipiente confluencia.

 

Creo en los surcos del movimiento desplegado.

 

Lo que nunca entendí son las olas.

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